La Política

abril 7, 2008

La política (del griego πολιτικος (politikós), «ciudadano, civil, relativo al ordenamiento de la ciudad») es el proceso y actividad orientada, ideológicamente, a la toma de decisiones de un grupo para la consecución de unos objetivos. La ciencia política estudia dicha conducta de una forma académica utilizando técnicas de análisis político, los profesionales en esta ciencia adquieren el titulo de politólogos, mientras quienes desempeñan actividades profesionales a cargo del Estado o se presentan a elecciones se denominan políticos. El término fue ampliamente utilizado en Atenas a partir del siglo V antes de Cristo, en especial gracias a la obra de Aristóteles titulada, precisamente, Política. También se define como política a la comunicación dotada de un poder, relación de fuerzas.

Aparición de la política como organización de sistema social

La política se remonta al Neolítico, donde se empezó a organizar la sociedad jerárquicamente apareciendo así el poder sobre los demás. Hasta aquella época el poder lo ocupaba el más fuerte o sabio del grupo, pero ya hay constancia de pueblos centroeuropeos y procedentes del mediterráneo que estaban organizados en un sistema que en ocasiones era absolutista, y como en el caso de algunas polis griegas (Atenas) o la cultura fenicia practicaban la democracia parcial, o estaban organizadas en asambleas.

El sistema político predominante era el absolutista, en el que todo el poder era ocupado por una sola persona. Este esquema político no cambió hasta el fin del Antiguo Régimen con la Revolución Francesa en Europa y la constitución de Estados Unidos.

Concepciones históricas de la política

Definiciones clásicas apuntan a definir política como el “ejercicio del poder” en relación a un conflicto de intereses. Son famosas las definiciones fatalistas de Karl Schmitt de la política como juego o dialéctica amigo-enemigo, que tiene en la guerra su máxima expresión, o de Maurice Duverger, como lucha o combate de individuos y grupos para conquistar el poder que los vencedores usarían en su provecho.

Una perspectiva opuesta contempla la política en un sentido ético, como una disposición a obrar en una sociedad utilizando el poder público organizado para lograr objetivos provechosos para el grupo. Así las definiciones posteriores del término han diferenciado poder como forma de acuerdo y decisión colectiva, de fuerza como uso de medidas coercitivas o la amenaza de su uso.

Así entonces podemos entender el término de política en la actualidad, como la actividad de quienes procuran obtener el poder, retenerlo o ejercitarlo con vistas a un fin. Debe tenerse presente que esta es de carácter instrumental; desde una perspectiva moral, la política debe ser vista como una de las actividades más nobles del ser humano ya que implica una labor de servicio hacia los demás, viendo a éstos como la generalidad o pueblo.

Maurice Duverger (Angulema, Francia, 5 de junio de 1917), jurista, politólogo y político francés.

Comenzando su carrera como jurista en la Universidad de Bordeaux, se implicó cada vez más en ciencia política y en 1948 fundó a una de las primeras facultades para la ciencia política en Burdeos, Francia. Publicó muchos libros y artículos en periódicos, especialmente para el Le Monde y elaboró su propia definición de sistema político

Ideó una teoría conocida como ley de Duverger, que identifica una correlación entre un sistema de la elección y la formación de un sistema bipartidista. Analizando el sistema político de Francia acuñó el término sistema semi-presidencial.

Desde 1989 hasta 1994 fue representante del Partido Socialista Europeo en el Parlamento Europeo.

La ley de Duverger es un principio que afirma que el sistema electoral mayoritario conduce a un sistema bipartidista. El descubrimiento de este principio se atribuye a Maurice Duverger, sociólogo francés que observó este efecto y dejó constancia del mismo en diversos textos publicados en los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Posteriormente otros politólogos comenzaron a llamar “ley” a este efecto.

Existen muchos sistemas electorales mayoritarios con dos partidos, aunque también se dan muchos ejemplos que contradicen el modelo: Escocia. Muchos consideran que el Liberal Democrat Party del Reino Unido es un tercer partido emergente, tras las elecciones generales de 2005, lo que supondría la aparición de un sistema tripartidista. Canadá y la India tienen varios partidos regionales. Duverger no consideró su principio como algo absoluto: sugirió que el sistema mayoritario retrasaría la aparición de una nueva fuerza política y aceleraría la desaparición de una fuerza que estuviera debilitándose – el sistema proporcional tendría el efecto opuesto.

Además, William H. Riker advirtió que los partidos regionales pueden distorsionar el modelo, haciendo que haya más de dos partidos importantes en el país, incluso en el caso de que sólo se den dos partidos competitivos en cada distrito. Señaló como ejemplo a Canadá.

La ley de Duverger no se cumple en sentido contrario, ya que también otros sistemas pueden generar sistemas bipartidistas estables. Esto es particularmente cierto en el caso de países que sin utilizar el first past the post, tampoco incorporan representación proporcional. Por ejemplo, Malta tiene un sistema de voto transferible y un sistema estable de dos partidos. Australia utiliza también el voto único transferible y, aunque no se trata de un sistema bipartidista, está dominado por un partido principal (el Laborista) y una coalición (la Coalición Nacional, National coalition, de carácter liberal).

Aunque hay quien defiende que un sistema bipartidista no es necesariamente nocivo, investigadores y matemáticos se han dedicado a elaborar sistemas electorales a los que no pueda afectar la ley de Duverger.

Hay algunos sistemas que tienen una probabilidad mayor de crear bipartidismo que el sistema mayoritario: las elecciones en Gibraltar utilizan un sistema de voto por bloque en una única circunscripción, por lo que el tercer partido tiene muy pocas probabilidades de ganar algún escaño.

Una consecuencia de la ley de Duverger es el efecto que se crea cuando el tercer candidato resta votos a uno solo de los candidatos principales.

Diferentes definiciones

AtinaChile

MisRespuestas.com

Instituciones Políticas

Diccionario de Norberto Bobbio

Hannah Arendt ¿Qué es Política?

Maquiavelo, la Política y el Estado Moderno

Sociedad y Política en Platón

Sociedad y Política en Aristóteles

El dominio en Aristóteles

Aristóteles – La Política

Platón – La República

El mito de la caverna


A propósito del 24 de marzo: La memoria y el olvido como cuestión política

marzo 24, 2008

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En agosto de 2000 asistí en Paraná a un seminario denominado Memoria Colectiva e Identidad Nacional, dictado por el doctor Bruno Groppo, donde abordó detalladamente el el caso de la Alemania del posnazismo.

A propósito de mañana 24 de marzo, una fecha que tiene que ver con la memoria colectiva en Argentina, se me ocurrió subir este material de Waldo Ansaldi en el que también aborda el tema de la Memoria.

El artículo en cuestión -que toma algunas consideraciones sobre el tema de Bruno Groppo-, es una versión ligeramente ampliada de la ponencia presentada originariamente -con el título “Memoria y olvido como cuestión política”- en las VIII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Salta (Argentina), del 19 a 22 de septiembre de 2001. La expresión que ahora sirve de título del artículo -“Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición”- pertenece a Napoleón Bonaparte. Los argumentos aquí sostenidos retoman -a veces repiten, otras corrigen- los ya expuestos en ocasión de congresos sobre el tema en Porto Alegre (junio 2000) y Córdoba (marzo 2001) y son parte de un proyecto de investigación colectiva que dirige Ansaldi, Nación, ciudadanía y derechos humanos en los países del Mercosur (Programación Científica Universidad de Buenos Aires, 2001-2002, Proyecto S/004), continuación, a su vez, del desarrollado entre 1998 y 2000 (Proyecto TS/02, Nación y ciudadanía en Argentina y América Latina).

Ver el artículo de Waldo Ansaldi.


Pensamiento único, neoliberalismo y mundialización

marzo 22, 2008

Por Hernán Elvira

El Pensamiento Único

Aunque el término es de nueva creación, conviene recordar que durante la mayor parte de la historia, la humanidad ha vivido supeditada a alguna forma de “pensamiento único“.

Prácticamente todas las civilizaciones humanas (quizá con la única excepción-parcial- de la griega) tuvieron un conjunto de verdades socialmente sancionadas y de obligada creencia y cumplimiento

Estas creencias, presentadas con formato religioso, constituían la forma en que los hombres adscritos a esa cultura percibían el mundo y su funcionamiento. Esa única verdad era propagada por los representantes de los grupos privilegiados y tendía a la perpetuación de esos privilegios. Salir fuera de ese mayoría era -a resultas de una formación sistemática en la conformidad- simplemente, impensable.

Entre nosotros la civilización cristiana constituye una formulación especialmente representativa de este “pensamiento único” tradicional. A partir del siglo XVII, con la aparición del racionalismo y por una conjunción compleja de factores que escapan a este texto, el monoteísmo de la verdad única parece fragmentarse en un conjunto de verdades, de “ismos” que luchan por extenderse en las conciencias de los ciudadanos.

La mente humana ha descubierto que puede elaborar diferentes concepciones del mundo y se lanza –filosofía, ciencias– a la investigación y reconstrucción de la realidad.

Con la democratización del papel impreso, los medios de difusión de las ideas parecen equilibrarse en parte y las diversas teorías sobre lo que es y sobre lo que debe ser se extienden y compiten entre sí. Ciertamente, las nuevas razones en lucha repiten en buena parte los males de la verdad única a la que buscan sustituir, por lo cual, en las revoluciones que se suceden, los privilegios se limitan a cambiar de manos en vez de desaparecer… Pero no se trata aquí de hacer la crítica de la razón naciente sino de notar que durante ese par de siglos la producción y contraste de distintos pensamientos es un proceso que parece ir generalizándose. A principios del siglo XX -antes de que pudiéramos ver a la razón depurarse críticamente y acaso dar sus frutos- van sentándose las bases de un retroceso a épocas pasadas de irracionalidad e imperio de una única manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo. La clave de este siglo de involución puede situarse en el desarrollo de los medios de comunicación de masas. Y esto no en cuanto a la rapidez de los medios electrónicos ni a la maravilla técnica que implican; lo esencial es la asimetría brutal que imponen entre el emisor y el receptor de mensajes. En el siglo XIX el libro, el panfleto, el discurso -medios asequibles a muchos- tuvieron una influencia social. Hoy, el cine, la televisión, son tan inasequibles y unidireccionales como lo fue la catedral en la edad media.

Noam Chomsky (“El control de los medios de comunicación” en Cómo nos venden la moto. Icaria, 1995) apunta que la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno fue la instrumentada por el ejecutivo de Woodrow Wilson en 1916 (a través de la llamada Comisión Creel) a fin de inculcar a los despreocupados norteamericanos el odio hacia Alemania y la necesidad de que Estados Unidos tomaran parte en la Primera Guerra Mundial. Desde entonces el increíble poder de las modernas herramientas de conformidad social no ha hecho sino aumentar y perfeccionarse. Ya en los años 20 del pasado siglo ideólogos como Walter Lippman (citado por Chomsy) habían sentado las bases de un nuevo diseño de la conformidad social. La teoría de Lippman divide a los ciudadanos en dos clases diferenciadas: los que asumen algún papel activo en cuestiones de administración y gobierno (a este grupo se accede sirviendo a los poderosos e interiorizando -aquí la necesidad de la educación privada- las doctrinas que mejor corresponden a los intereses de estos) y por otro lado el “rebaño desconcertado”, es decir, la generalidad de la población, demasiado estúpida para comprender los temas de relevancia. Sería peligroso que los miembros del “rebaño” tomaran algún papel activo, por lo que su función es la de ser espectadores de la acción de gobierno, librándose periódicamente de su carga en algún miembro de la clase especializada. Entretanto el rebaño ha de ser entretenido y conducido y sus miembros mantenidos en el aislamiento que impida una organización de la gente en defensa de sus intereses. Para Lippman, es misión de la élite la fabricación de consenso, esto es, el pastoreo mediático del rebaño incapaz de comprender por sí mismo cuáles son los intereses comunes. Dejando aparte las disquisiciones universitarias e intelectuales, y aunque parezca disparatado, esta ha sido y es hoy la teoría social dominante.

El Neoliberalismo

De la misma manera que el “pensamiento único” antiguo presentaba la sociedad aristocrática como la única sensata e imaginable, así los medios masivos hoy nos presentan el sistema capitalista en que está organizado el sistema de privilegios de nuestro tiempo como connatural a la especie humana, como único posible. Un impresionante conjunto de instituciones, fundaciones, grupos de estudio y foros internacionales, con financiación ilimitada y el respaldo casi total de los medios de comunicación, trabajan incansablemente desde hace décadas (las más antiguas de estas instituciones datan de los años 20 del pasado siglo; la mayoría, de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial) para elaborar y extender aquellas doctrinas que, sirviendo directamente al conglomerado empresarial-estatal, puedan presentarse al público como hechos naturales obvios e irrefutables.

Ignacio Ramonet (“Pensamiento único y nuevos amos del mundo” en Cómo nos venden la moto. Icaria, 1995) define el pensamiento único como “la traducción a términos ideológicos de pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capital internacional”. Y añade: “Se puede decir que está formulado y definido a partir de l944, con ocasión de los acuerdos de Bretton Woods. Sus fuentes principales son las grandes instituciones económicas y monetarias –Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización de Cooperación de Desarrollo Económico, Acuerdo General sobre Tarifas Aduaneras y Comercio, Comisión Europea, (…), etc.- quienes, mediante su financiación, afilian al servicio de sus ideas, en todo el planeta, a muchos centros de investigación, universidades y fundaciones que, a su vez, afinan y propagan la buena nueva.(…) En casi todas partes, facultades de ciencias económicas, periodistas, ensayistas y también políticos, examinan de nuevo los principales mandamientos de estas nuevas tablas de la ley y, usando como repetidores los medios de comunicación de masas, los reiteran hasta la saciedad, sabiendo a ciencia cierta que, en nuestra sociedad mediática, repetición vale por demostración.”En la misma línea y refiriéndose al neoliberalismo, Susan George (Citado en Joaquín Estefanía, La nueva economía, Debate, 2001) escribe:”…empezó a construirse a partir de la nada después de la Segunda Guerra Mundial ante una indiferencia generalizada. Pero algunas décadas después, gracias a la inteligencia estratégica de sus promotores y los cientos de millones de dólares de financiación (…) se ha convertido en pedestal del pensamiento único. Los neoliberales siempre supieron que había que empezar por transformar el panorama intelectual. Y es que, antes de que tengan consecuencias sobre la vida de los ciudadanos y de la ciudad, las ideas tienen que ser propagadas. Hay que permitir que los que las producen, publican, enseñan y difunden lo hagan en buenas condiciones.

Por eso desde l945, el movimiento neoliberal no ha dejado de reclutar a pensadores y proveedores de fondos y dotarse de medios financieros e institucionales importantes.” En resumen de Ramonet, estos serían los principios del neoliberalismo-pensamiento único:

· “Lo económico prima sobre lo político. Se coloca a la economía en el puesto de mando (un marxista distraído no renegaría de este principio); una economía, desde luego, liberada de la ganga de lo social.

· El mercado, cuya mano invisible corrige las asperezas y disfunciones del capitalismo, y muy especialmente los mercados financieros, cuyos signos orientan y determinan el movimiento general de la economía.

· La competencia y la competitividad, que estimulan y dinamizan a las empresas llevándolas a una permanente y benéfica modernización.

· El libre intercambio sin límites, factor de desarrollo ininterrumpido del comercio y, por consiguiente, de la sociedad.

· La mundialización, tanto de la producción manufacturera como de los flujos financieros.

· La división internacional del trabajo, que modera las reivindicaciones sindicales y abarata los costes salariales.

· La moneda fuerte, factor de estabilización.

· La desreglamentación, la privatización, la liberalización.

· Cada vez menos estado y un arbitraje constante en favor de los ingresos del capital en detrimento de los del trabajo.

· Indiferencia con respecto al costo ecológico. Es decir, resumiendo lo visto hasta ahora: los grupos de interés económico y político, han visto acaso peligrar su posición con las pretensiones emancipadoras de la razón, que con sus construcciones utópicas amenazaba con trastocar el orden social. Gracias al desarrollo tecnológico, en especial al aplicado a la propagación de mensajes, ven llegado el momento de regresar a aquel estadio de conformidad adormecida de las mayorías que sostuvo durante milenios los privilegios de sus antecesores en la cima de la pirámide social.

Para lograr este objetivo resta, sin embargo, un obstáculo aún no onsiderado: la autonomía política de los estados nacionales, que con sus medidas proteccionistas pueden intentar favorecer la producción propia de bienes, dificultando así la mecánica de la obtención masiva de beneficios de las grandes corporaciones comerciales.

La Mundialización

Quizá pocos fenómenos puedan parecer más naturales que la globalización. El aumento de las relaciones entre los pueblos, el contacto e intercambio constantes entre las naciones son, desde luego, presentados como algo espontáneo y benéfico para el conjunto de la humanidad. Pero -en el sentido que hoy le damos a la palabra- la globalización es uno de los elementos más intencionadamente construidos y que mejor sirven al beneficio a costa de la miseria humana y ecológica, de todos cuantos integran el cuadro del pensamiento único. En su estudio del Nuevo Orden Mundial (Fragmento editado en folleto, sin identificar), Martín Lozano detalla la naturaleza y actividades de un nutrido grupo de agentes institucionales en pro de la mundialización neoliberal de la economía, desde el Instituto Aspen (1949) hasta la Conferencia de Davos (1971), pasando por el Bilderberg Group (1954) o el Club de Roma (1968). Pero quizá el más representativo de todos ellos sea la Comisión Trilateral, nacida en Kyoto (1975) de la mano de las firmas bancarias, comerciales e industriales más poderosas del planeta.

Si bien los objetivos públicos de la Comisión se acogen a la retórica “humanista” de la globalización: “Todos los pueblos forman parte de una comunidad mundial, dependiendo de un conjunto de recursos. Están unidos por los lazos de una sola humanidad y se encuentran asociados en la aventura común del planeta Tierra” (Declaración de Filadelfia); sus auténticos propósitos son consolidar la hegemonía del bloque desarrollado sobre los países del Tercer Mundo e impedir que éstos puedan obstaculizar el futuro de ese predominio. Ya en1975, Z. Brzezinski -uno de los principales constructores de la ideología de nuestro siglo- señalaba que “el eje esencial de los conflictos ya no se sitúa entre el mundo occidental y el mundo comunista, sino entre los países desarrollados y los que aún no lo están” y pedía -como hoy pide Bush- “el establecimiento de un sistema internacional que no pueda verse afectado por los ‘chantajes’ del Tercer Mundo”. La pretensión mundializadora, que también anima a instituciones como el FMI, GATT, Maastricht, etc., fue claramente enunciada por David Rockefeller en palabras igualmente recogidas por Lozano: “De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional que se ha practicado durante siglos en el pasado por la soberanía de una élite de técnicos y de financieros mundiales.”Este proyecto de gobierno mundial de las corporaciones era claramente explicado en la Conferencia de Davos de 1971: “En los próximos treinta años, alrededor de trescientas multinacionales geocéntricas regularán a nivel mundial el mercado de los productos de consumo, y no subsistirán más que algunas pequeñas firmas para abastecer mercados marginales. El objetivo deberá alcanzarse en dos etapas: primeramente, diversas firmas y entidades bancarias se reagruparán en el marco multinacional; después (…) esas multinacionales se acoplarán al objeto de controlar, cada una en su especialidad, el mercado mundial. “Nada más alejado, como vemos, al fenómeno natural e irreversible que con frecuencia se nos presenta. La mundialización no es sino la extensión del poder del gran capital a cada rincón del planeta, por encima de la autonomía política de los estados -vease el papel de la Unión Europea– y en claro perjuicio de los ciudadanos, especialmente de los del Tercer Mundo. Y es un proceso planificado y llevado a la práctica por los agentes de las grandes corporaciones -junto con el resto de las transformaciones neoliberales en favor de los privilegiados- y transformado en ideología popular, en la nueva verdad que nadie puede dejar de ver, por la acción sistemática de los medios de comunicación.

Final

Para terminar, algunas reflexiones que quedan abiertas:

Ya que la fabricación del consenso mediante la manipulación mediática es un mecanismo de tipo irracional -que apela y utiliza constantemente las instancias afectivas, inconscientes, del individuo- parece que la manera de contrarrestarla extensión del pensamiento único es el estudio independiente y el análisis crítico; es decir una recuperación (pero evitando los excesos del racionalismo) de aquella actividad de razonamiento que puso ya en peligro en siglos pasados los privilegios medievales. Las concepciones del mundo contrapuestas al poder vigente se extendieron en su momento gracias a la popularización de los materiales impresos. El estado y las corporaciones contestan con la creación y manejo de estructuras mediáticas unidireccionales que les aseguran el control dela opinión. ¿No representará hoy la popularización de internet (que permite publicar a bajo costo) una posibilidad de cortocircuitar los medios masivos y difundir hechos y razonamientos contrarios al consenso neoliberal? De ahí la importancia de crear espacios comunicativos de insumisión. Sin embargo el medio virtual, que es estructuralmente abierto, se va cerrando rápidamente por el monopolio comercial y publicitario… Hemos visto que tanto el proceso de la creación de consenso mediático en torno al capitalismo como la mundialización de la economía, son fenómenos largo tiempo planificados, en los que se han invertido sumas colosales y que requieren la complicidad de compleja estructuras técnicas y de auténticos ejércitos de expertos, periodistas, escritores, políticos… Esto parece indicar que no se trata de mecanismos naturales e inevitables en la evolución del mundo social.

Aunque un enfoque estructural es sin duda pensable, la realidad que vivimos parece claramente construida de manera voluntaria, laboriosa e interesada, por determinados sectores de la sociedad. Contra un fenómeno natural es inútil combatir, pero contra la acción voluntaria y perjudicial de otros (aunque esté respaldada por medios descomunales) es pensable la crítica y la negación.


Estudio de la Ciencia Política

marzo 16, 2008

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Ciencia Política. Caracterización

La ciencia política (conocida también como politología) es una ciencia social que desarrolla su campo de estudio tanto en la teoría como en la práctica política en sus diversas manifestaciones.

Su objeto de estudio es la “realidad política”, categoría analítica sobre la que el politólogo aplica todas las herramientas metodológicas hoy disponibles para describir, explicar y formular predicciones sobre los hechos y fenómenos políticos que la conforman.

Encontramos formando parte de esta realidad política a actores socializados (individuales o grupales); estructuras de mediación (partidos políticos y grupos de interés); normas formalizadas para la solución pacífica de los conflictos; normas no formalizadas pero aceptadas implícitamente; ideologías, doctrinas, valores, creencias y opiniones dominantes; instituciones (el Estado, la más importante); y desde luego el poder.

La Politología, trascendiendo la descripción y la mera opinión, se orienta al conocimiento riguroso, sistemático y objetivo (avalorativo) de los hechos y fenómenos que conforman la realidad política.

El conocimiento producido, como en toda ciencia, es obtenido mediante la observación y el razonamiento, utilizando argumentos sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales.

En esta acepción el término “ciencia” (política) es adoptado en su significado tradicional como opuesto a la “opinión” donde “ocuparse científicamente de política” significa no abandonarse a la creencia del vulgo y no lanzar juicios de valor sobre la base de datos no atinados. En una palabra, remitirse a la prueba de los hechos; es decir, estudiar la repetición de fenómenos en el terreno de la política, a semejanza de lo que ocurre en las ciencias numéricas. Por tanto, el estudio de la política es lo observable. En general no está referido a lo que debería ser la política como tipo ideal o conducta deseada; esa área dentro de la teoría política es característica de la filosofía política. Tampoco es el estudio de los elementos formales de la política como lo son las leyes, su formación y las intenciones de éstas, tarea de la jurisprudencia.

La ciencia política tiene en cuenta el comportamiento político efectivo y observable de las personas y las sociedades, así como de sus estructuras y procesos. Sus niveles de teorización son el descriptivo, el explicativo y el predictivo. Podemos definir, entonces, a la Ciencia Política como “la ciencia que estudia la realidad política tal cual es (y no como debería ser)”.

Historia

Durante la Revolución Industrial y las revoluciones liberales del siglo XIX, se creó la necesidad de efectuar una crítica social a fin de evaluar los cambios sociales y políticos que se sucedían, así como su impacto en la sociedad y los motivos que los habían producido.

La preocupación por el cambio social, combinada con el desarrollo que las ciencias naturales estaban logrando gracias al desarrollo del método científico, impulsó la fusión de ambas, dando lugar a las ciencias sociales. Así surgiría la Sociología, y más adelante la Ciencia Política, asociada al estudio de la jurisprudencia y de la filosofía política.

El término Ciencia Política fue acuñado en 1880 por Hebert Baxter Adams, profesor de historia de la Universidad Johns Hopkins. Aunque su verdadero desarrollo como disciplina científica es posterior a la Segunda Guerra Mundial, antes de dicho periodo se asociaba al estudio de la jurisprudencia y la filosofía política. Otros autores afirman que el término Ciencia Política es propuesto por Paul Janet, quien lo utiliza por primera vez en su obra Historia de la Ciencia Política y sus relaciones con la Moral escrita a mediados del siglo XIX.

Áreas de investigación

Las principales áreas de investigación y análisis de la Ciencia Política son:

· El poder político y las características de su obtención y su ejercicio.

· La autoridad y su legitimidad.

· El Estado.

· La Administración pública.

· Las políticas públicas.

· La gestión pública.

· Las instituciones políticas.

· Los sistemas políticos y los regímenes políticos.

· Los partidos políticos y los sistemas electorales.

· El ordenamiento de la acción colectiva.

· El comportamiento político.

· La opinión pública y la comunicación política.

· Las relaciones internacionales.

Las más importantes áreas de estudio dentro de la Teoría Política están orientadas hacia el análisis de las instituciones, las políticas públicas, la política comparada, el comportamiento político y la comunicación política.

Entre los principales autores contemporáneos que contribuyeron al desarrollo y consolidación de la ciencia política como disciplina autónoma podemos citar entre los mas relevantes a Gabriel Almond, Norberto Bobbio, Robert A. Dahl, Maurice Duverger, David Easton, Harold D. Laswell, Arendt Liphjart, Giovanni Sartori, Sydney Verba, Stein Rokkan, Dieter Nohlen, Gianfranco Pasquino, entre otros.

La Lista Tipo de la Unesco

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, y cuanto más maduraba la Ciencia Política como empresa intelectual, mayor era el volumen y la variedad de los temas a estudiar. A pesar de ello la disciplina amenazaba con venirse abajo, debido al enorme esfuerzo que suponía el establecer un orden lógico y coherente en un bamboleante montón de conocimientos sobre los más variados asuntos.

El año 1948 marca un hito en la Ciencia Política: a pedido de la Unesco se reúnen en París los más destacados expertos y estudiosos con la finalidad de tratar de redefinir y acotar su objeto de estudio.

Las deliberaciones concluyen con la confección de la célebre Lista Tipo elaborada bajo una fuerte influencia del pensamiento anglosajón. Si bien ella constituye tan sólo una mera enumeración pragmática de temas, en el sentido que no encierra un concepto esencial o distintivo de lo político, sigue siendo a pesar de más de medio siglo de vida un obligado punto de referencia para la elaboración de marcos teóricos y la confección de currícula universitarias.

Los distintos temas propuestos quedan agrupados en 4 secciones:

I. Teoría política

a) Teoría política

b) Historia de las ideas políticas

II. Instituciones políticas

a) Constitución

b) Gobierno central

c) Gobierno regional y local

d) Administración pública

e) Funciones económicas y sociales del gobierno

f) Instituciones políticas comparadas

III. Partidos, grupos y opinión pública

a) Partido político

b) Grupos y asociaciones

c) Participación del ciudadano en el Gobierno y la Administración

d) Opinión pública

IV. Relaciones internacionales

a) Política internacional

b) Organización y administración internacional

Métodos

Los métodos empleados por la ciencia política son principalmente los de las ciencias sociales. Las encuestas de campo pueden permitir refrendar y comprobar en la práctica las ideas lanzadas por los autores. Las encuestas son, en cierta forma, las “recetas de cocina” de la ciencia política.

Cualitativo: El método cualitativo consiste en realizar entrevistas semiorientativas con actores concernidos o afectados por el objeto de estudio. La ventaja de este método es que permite recoger un material rico en información (más completa que en los cuestionarios). El riesgo a evitar es la reproducción del discurso de los actores en lo que se diga posteriormente sobre el objeto en cuestión (por ejemplo, un estudio electoral que refleja los puntos de vista de uno u otro político de un determinado partido). El método cualitativo es empleado sobre todo por los investigadores europeos.

Cuantitativo: Los métodos cuantitativos implican el uso del cuestionario (escrito, por teléfono) y de la estadística. Permiten recabar un gran número de datos y, por lo tanto, analizar los fenómenos bajo un punto de vista global. La gran cantidad de datos da una cierta representatividad a los resultados producidos. La constitución de una muestra representativa (con las mismas proporciones por categorías de personas que en la realidad) es, por lo tanto, necesaria. Los datos son tratados a continuación mediante herramientas estadísticas como SPSS o Modalisa. Los métodos cuantitativos requieren de una cierta potencia técnica de las herramientas estadísticas, y son también más costosos. Estas grandes encuestas requieren equipos y medios sólidos. Se emplean, principalmente, en Estados Unidos.

Histórico: El método histórico no consiste ni en una colección de datos ni en una sucesión de acontecimientos no es una historia cuantitativa, sino en retratar la “historia larga de la política”[1] , con el fin de poner en evidencia “las lógicas sociales de la obra en la vida política”[2] a largo plazo.

(1/2) Déloye, Yves, Sociologie historique du politique, París, La Découverte, Repères, 2007, (3ª ed.).

 

Ver material teórico

La política como vocación – Max Weber (Ver Biliografía Unidad 1)

Estado, Capitalismo y Democracia en América latina – Atilio Borón (Ver Bibliografía Unidad 3)

Sistemas políticos comparados – Cátedra Sociología FSC UBA