Definir las Relaciones Públicas

Marzo 30, 2008

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1. Las relaciones públicas son una función distintiva de gestión, las cuales ayudan a establecer y mantener mutuas líneas de comunicación, entendimiento, aceptación y cooperación entre una organización y sus públicos; involucra la gestión de problemas o temas controvertidos; ayuda a la dirección a mantenerse informada y presta a responder sobre la opinión pública; define y enfatiza la responsabilidad de la dirección en servir al interés público; ayuda a la dirección a mantenerse al corriente de los cambios y a utilizarlos eficazmente, sirviendo como un primer sistema de alarma para ayudar a anticiparse a las tendencias; y usa la investigación y las técnicas de comunicación de confianza y éticas como sus principales herramientas de trabajo.

(1975, Foundation for Public Relations Research and Education. Sesenta y cinco líderes de relaciones públicas participaron en el estudio, el cual analizó cuatrocientas setenta y dos definiciones diferentes y ofrecieron este concepto como resultado)

2. Las Relaciones Publicas son “el esfuerzo planeado para influenciar la opinión mediante el buen carácter y la ejecución responsable, basados en una comunicación de dos direcciones mutuamente satisfactorias”.

(Scout Cutlip, Allen Center, Effective Public Relations)

3. La promoción de simpatía y buena voluntad entre una persona, empresa o institución y otras personas, público especial o la comunidad en su conjunto, mediante la distribución de material interpretativo, el desarrollo del intercambio amistosos y la evaluación de la reacción publica.

4. El Grado de comprensión y buena voluntada logrado entre un individuo, organización o institución y el público.

5. El arte o la ciencia de desarrollar la comprensión y la buena voluntada reciproca; el personal profesional a cargo de esta tarea.

(3, 4 y 5: Webster´s New International Dictionary)

6. Las relaciones públicas constituyen la función administrativa que evalúa las actitudes del público, identifica las políticas y los procedimientos de una organización con el interés publico y ejecuta un programa de acción para ganar la comprensión y la aceptación del público.

(Public News, el primer boletín de noticias semanal sobre esta actividad)

7. La práctica de las relaciones públicas es el arte y la ciencia social de analizar tendencias, predecir sus consecuencias, asesorar a los líderes de organizaciones, y poner en práctica programas planificados de acción que servirán a los intereses de la organización y del público.

8. Las relaciones públicas son la comunicación planificada y persuasiva destinada a influir sobre un público considerable.

9. Las relaciones públicas son la función gerencial que evalúa las aptitudes públicas, identifica las políticas y procedimientos de una organización con el interés publico, y ejecuta un programa de acción para ganar aceptación y entendimiento públicos.

10. Las relaciones públicas son algo más que simple publicidad: escribir noticias o semblanzas biográficas en periódicos y revistas, o en el aire. La difusión de conocimiento e información por estos canales puede mejorar las reacciones; pero a veces la publicidad es desfavorable o esta sujeta a diferentes formas de entender y con frecuencia su abundancia puede causar reacciones negativas en lugar de positivas.

11. Las relaciones públicas casi siempre tratan de influir sobre las opiniones durante un periodo más largo de tiempo y en muchos campos, como la comunidad o las relaciones de los empleados, en las que la publicidad convencional sería inadecuada.

12. Son un esfuerzo organizado por comunicar información y modificar actitudes y comportamientos en beneficio de una causa, función que implica la construcción y el mantenimiento de una buena relación con grupos o públicos como empleados, accionistas, dirigentes, gobiernos y público en general para llevar una buena imagen de la empresa o persona publica.

13. Esfuerzo planificado y el mantenimiento de la buena voluntad y comprensión mutua entre una organización y sus públicos. Serie de acciones de comunicación, generalmente de carácter informativo, cuyo objetivo general es crear o modificar actitudes, creencias o conductas del público objetivo. Un público objetivo que puede ser una persona o una Empresa).

14. Las Relaciones Públicas son un conjunto de acciones de comunicación estratégica coordinadas y sostenidas a lo largo del tiempo, que tienen como principal objetivo fortalecer los vínculos con los distintos públicos, escuchándolos, informándolos y persuadiéndolos para lograr consenso, fidelidad y apoyo de los mismos en acciones presentes y/o futuras.

15. Las Relaciones Públicas implementan técnicas de negociación, marketing, publicidad y administración para complementar y reforzar su desempeño en el marco de un entorno social particular y único que debe ser estudiado con máximo esmero para que esas acciones puedan ser bien interpretadas y aceptadas por los distintos públicos a quiénes se dirige un programa de Relaciones Públicas.

16. Las Relaciones Públicas constituyen la función administrativa que evalúa las actitudes del público, identifica las políticas y los procedimientos de una organización, y ejecuta programas de acción y comunicación para ganar la comprensión y la aceptación del público. Con el fin de que una buena imagen de la compañía interfiera a través de los sentidos en sus respectivos públicos para así lograr la obtención de mejores posibilidades para competir y obtener mejores dividendos.

17. Las Relaciones Públicas son el esfuerzo planeado para influenciar la opinión mediante el buen carácter y la ejecución responsable, basados en una comunicación de dos direcciones mutuamente satisfactorias.

18. La práctica de las Relaciones Públicas es el arte y la ciencia social de analizar tendencias, predecir sus consecuencias, asesorar a los lideres de organizaciones y poner en práctica programas planificados de acción que servirán a los intereses de la organización y del público.

(En agosto de 1978 se reunieron representantes de varios grupos y sociedades de Relaciones Públicas de los Estados Unidos y adoptaron lo que se denominó Declaración de México)

19. Las Relaciones Públicas existen para producir la buena voluntad de los diversos públicos de la compañía, con el propósito de que estos no interfieran en la capacidad de la compañía para obtener dividendos.

(Kotler y Mindak)

20. A las Relaciones Públicas se las puede definir como aquellos aspectos de nuestra conducta personal y corporativa que tiene una importancia social más que tan sólo privada y personal.

(Childs)

21. El propósito de la práctica de las Relaciones Públicas es establecer una comunicación bilateral buscando la base común de áreas de interés mutuo e instituir la comprensión fundamentada en la verdad, el conocimiento y la información completa.

(Sam Black, Las Relaciones Públicas)

22. Las Relaciones Públicas son una actividad de dirección con carácter permanente y organizado, por la que una empresa u organización privada o pública trata de obtener y mantener la comprensión, la simpatía y la colaboración de aquellos con quienes se relaciona; por lo que, en la medida de lo posible, deberá adaptar su comportamiento, y mediante una política de información que tenga en cuenta los intereses comunes obtendrá una cooperación más eficaz. Es el esfuerzo planificado y sostenido para establecer y mantener la buena voluntad y la comprensión mutua entre organización y sus públicos.

(IPRA, Internacional Public Relations Association)

23. Las Relaciones Públicas son una función distintiva de la dirección que ayuda a establecer y mantener líneas mutuas de comunicación, comprensión, aceptación y cooperación entre una organización y sus públicos; implica la dirección de problemas o asuntos, ayuda a la dirección a mantenerse informada y a responder ante la opinión publica, define y resalta la responsabilidad de la dirección para servir al interés publico, ayuda a la dirección a mantenerse al tanto de los cambios efectivos.

(Harlow, R)

24. La actividad profesional, cuyo fin es, mediante gestiones personales, o en el empleo de las técnicas de difusión y comunicación, informar sobre personas, empresas, instituciones, etc., tratando de prestigiarlas y de captar voluntades a su favor.

(En 1984 se incorpora por primera vez y en su vigésima edición, la expresión Relaciones Públicas en el Diccionario de la Real Academia Española)

25. Son un conjunto de actividades llevadas a cabo por las organizaciones, planificadas, habituales y no repetitivas, dirigidas a crear una corriente de comunicación bilateral entre la organización y su público, un público heterogéneo (donde el mensaje es más sutil y más creíble), con el fin de conseguir crear, mantener o recuperar la confianza o apoyo de esa diversidad de público, (ya no siempre en sus productos o actividades, sino en la propia empresa) y servir a la opinión pública.


De las Relaciones Públicas a la Comunicación Estratégica

Marzo 30, 2008

Por Octavio Islas

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Previo al formidable boom de Internet y de las comunicaciones digitales extendidas, dos grandes paradigmas del pensamiento administrativo influían decisivamente en la gestión empresarial: la dirección por objetivos y el desarrollo organizativo. En ambos paradigmas la comunicación era considerada asunto periférico. La expresividad de las organizaciones y la positiva visibilidad de las marcas básicamente dependían de la publicidad y las relaciones públicas.

En 1981, Thomas Peters y Robert Waterman publicaron En búsqueda de la excelencia, obra que admite ser considerada auténtico parteaguas en el desarrollo del pensamiento administrativo. Los autores analizaron 62 de las más importantes empresas de los Estados Unidos, partiendo de la hipótesis de que el organigrama de las empresas no incide en su éxito empresarial. Peters y Waterman lograron aislar un conjunto de valores intangibles que consideraron factores determinantes de la excelencia. Entre esos valores destacan algunas de las principales áreas de intervención de todo programa de comunicación estratégica, como la identidad y la cultura organizacional. Los hallazgos de Peters y Waterman contribuyeron a ratificar la importancia de la comunicación estratégica en la gestión empresarial, que de acuerdo con el destacado investigador español Justo Villafañe:

La gestión empresarial no es un valor absoluto en sí mismo, sino que está poderosamente influida por valores sociales y culturales; que los directivos son, además de gestores, fabricantes de significados y de símbolos y que el mito y los rituales deben ser introducidos en el management porque sus productos y/o servicios deben poseer significados (Villafañe, 2000).

La relevancia de la comunicación estratégica en la nueva gestión empresarial no está en duda, aún cuando muchas empresas mantengan una visión eminentemente inmediatista en lo relativo a su expresividad institucional. Respecto a la importancia de la comunicación, el destacado comunicólogo español Joan Costa (1999) inclusive sostiene que ésta representa la principal actividad de la empresa, considerándola, además, fundamento de un nuevo paradigma en la gestión empresarial.

En nuestros nuevos tiempos modernos, la complejidad del entorno expresivo y representacional de marcas y organizaciones parece haber desbordado las capacidades persuasivas de la mayoría de las agencias de publicidad. En los años recientes, la retórica publicitaria ha perdido una buena parte de su efectividad persuasiva. Al exagerar sistemáticamente de supuestas cualidades y atributos en todo tipo de bienes y servicios, la publicidad consiguió ventas instantáneas pero su discurso perdió significado y valor. La credibilidad informativa del discurso publicitario está muy devaluada. El consumidor aprendió a desconfiar de la publicidad y el cliente empezó a objetar el supuesto don de infalibilidad que tanto suelen pregonar algunas agencias de publicidad.

Monopolio en decadencia

En los años recientes, las agencias de publicidad han perdido el monopolio que antes ejercían en el diseño y desarrollo de las estrategias comunicativas de los anunciantes. El prestigio y la reputación de cualquier marca u organización hoy dependen menos del esfuerzo publicitario y más del enfoque integral que supone la comunicación estratégica. La campaña publicitaria hoy debe subordinarse al programa integral de comunicación estratégica. Frente a la visión inmediatista de la agencia de publicidad, cuya eficacia persuasiva básicamente repara en el impacto sobre potenciales consumidores, la comunicación estratégica reivindica la necesidad de recuperar la confianza del mayor número posible de públicos, afirmando que el valor de la acción-comunicación (Costa, 1999) debe estar sustentado en la congruencia de las acciones comunicativas. De acuerdo con Charles Fombrun y Cees Van Riel (2003), toda reputación positiva suele estar asociada a cinco atributos empresariales: visibilidad, diferenciación, autenticidad, transparencia y fortaleza.

En años recientes, ante el evidente desgaste persuasivo de la publicidad, celebridades como Al Ries han pretendido reivindicar la importancia de las relaciones públicas. Las tesis contenidas en el libro The Fall of Advertising and the Rise of PR, que Al Ries escribió con su hija Laura, le distanciaron de Jack Trout, su antiguo socio y amigo, quien como respuesta a Ries publicó el ensayo En defensa de la publicidad en la revista Advertising Age.

A pesar de las cualidades que Ries destaca en las relaciones públicas, la imagen social de las relaciones públicas sigue siendo objeto de amplios cuestionamientos. En algunos países se les considera actividad trivial, que a menudo se asocia con expresiones frívolas y poco relevantes para la efectiva generación de valor para la organización.

Situación en algunos países

Algunos profesionales de las relaciones públicas afirman, no sin cierta ironía, que en México las relaciones públicas son una profesión que admite ser considerada como surrealista, pues en primer lugar es indispensable explicar qué no son las relaciones públicas para enseguida proceder a definirlas. A ello contribuyen los anuncios clasificados que todos los días publican los diarios, por ejemplo, en los cuales son solicitados los servicios de bellas jovencitas para “realizar actividades de relaciones públicas”. En el mejor de los casos, el empleador en realidad demanda personal para el área de ventas o telemercadeo.

En cambio -quizá por razones históricas-, la reputación del profesional de las relaciones públicas es muy diferente en los Estados Unidos y Francia. De acuerdo con el destacado publirrelacionista mexicano Carlos Bonilla, es posible considerar al estadounidense Ivy Ledbeter Lee como el primer consejero en relaciones públicas de los tiempos modernos. A Ledbeter Lee se atribuye haber transformado la imagen del acaudalado industrial estadounidense John D. Rockefeller. En la década de 1930, en algunas universidades de los Estados Unidos ya eran impartidos cursos de relaciones públicas. En 1946, un conferencista estadounidense introdujo a Francia el concepto de relaciones públicas.

En 1950 fue fundada la primera asociación francesa de especialistas en relaciones públicas: La Maison de Verre. También en la mayoría de los centros educativos de Brasil, los profesionales de las relaciones públicas han ganado el respeto de la academia, los investigadores y el mercado profesional. La doctora Margarida M. Krohling Kunsch, presidenta de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC), ha contribuido a la profesionalización de las relaciones públicas en Brasil.

En España, por ejemplo, el destacado investigador Jordi Xifra refiere que en diciembre de 2002, la Asociación de Empresas Consultoras en Relaciones Públicas y Comunicación (ADECEC) realizó el estudio La comunicación y relaciones públicas en España. Una de las conclusiones que arrojó el referido estudio provocó enorme preocupación a los profesionales de las relaciones públicas:

“La ambigüedad de la mayoría de las definiciones de relaciones públicas dadas por los profesionales es tal, que podría aplicarse a cualquier otra disciplina comunicativa como, por ejemplo, la publicidad. Esto no hace más que corroborar que si algo caracteriza a las relaciones públicas a la hora de intentar definirlas, es el confucionismo existente acerca de lo que son (…) Ni desde el campo doctrinal ni desde el profesional nos ha llegado todavía una respuesta razonada. Lo cierto, sin embargo, es que nadie puede negar que el descrédito impera cuando formulamos al ciudadano de a pie qué entiende por relaciones públicas (si es que entiende algo). Incluso las consultoras que participaron en el estudio de ADECEC no solo consideran que el concepto de relaciones públicas está desprestigiado sino que además consideran que está integrado -o desintegrado, según como se mire- en el de comunicación (Xifra. 2003: XVII).

En años recientes, prestadores de nuevos servicios de comunicación han intentado abrir mercados profesionales emergentes, aprovechando las evidentes insuficiencias de las agencias de publicidad y el descrédito que todavía en muchos países enfrentan los profesionales de las relaciones públicas.

El cabildeo

El cabildeo, por ejemplo, se ha convertido en atractiva área de oportunidades. Los modernos cabilderos profesionales, afirma Jeffrey H. Birnbaun, ex corresponsal del Wall Street Journal y autor del libro The lobbyists, son “vendedores de privilegios”. En algunos países -México, por ejemplo-, los cabilderos no precisamente gozan de una positiva reputación. “Los cabilderos son despreciados, indignos de la confianza popular, porque generalmente representan intereses multimillonarios. Para cubrirse de su mala fama, algunos prefieren rescatar el anglicismo y hacerse llamar lobistas” (Scherer Ibarra, 2001:18).

Algunos gobiernos inclusive contratan los servicios de firmas especializadas en cabildeo. Para concretar la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre los gobiernos de Canadá, Estados Unidos y México, por ejemplo, Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), entonces presidente de México, contrató los servicios de las agencias Public Strategies, Burson Marsteller, y Shearman y Sterling, las cuales se encargaron de persuadir a aquellos legisladores del Partido Demócrata que no tenían interés alguno en aprobar el Tratado de Libre Comercio.

En México, por razones históricas muy profundas, la práctica del cabildeo admite una inevitable asociación con el fenómeno del influyentismo. En los tiempos de la presidencia imperial (1929-2000), el influyentismo fue uno de los signos distintivos de los gobiernos emanados del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual gobernó ininterrumpidamente en México de 1929 al 2000. Al amparo del influyentismo proliferaron la corrupción y el nepotismo. El influyentismo además degeneró en patrimonialismo. Frecuentemente, los funcionarios de dependencias gubernamentales dispusieron de los bienes públicos como si éstos fuesen de su propiedad. Por medio de complejas negociaciones que frecuentemente se realizaban al margen de lo establecido en la ley, los influyentes procuraban satisfacer las peticiones y favores que solicitaban sus protegidos. Todo cacique simultáneamente desempeñaba las funciones de gestor y negociador. Del eficiente desempeño del cacique y de sus estrechas relaciones con las autoridades, en buena medida dependía el efectivo incremento de sus cuotas de poder.

Marketing

El marketing político y el marketing electoral representan atractivos mercado de trabajo para profesionales de la comunicación, tal como refiere la destacada investigadora mexicana Guillermina Baena (1997). Más allá de la rigurosa planeación de acciones propagandísticas (Herreros, 1989), la dirección de campañas electorales demanda los conocimientos y habilidades de un nuevo perfil de comunicador, capaz de planear, negociar, administrar grandes presupuestos y gestionar fondos con posibles patrocinadores. La gestión estratégica de la comunicación social en gabinetes de comunicación también representa otra atractiva áreas de oportunidades, como advierten los investigadores Tomás Álvarez y Mercedes Caballero (1998).

Los nuevos roles comunicativos que han asumido portavoces de los gobiernos en los diferentes niveles de la administración pública -como también empresarios y figuras públicas-, han contribuido a generar un atractivo mercado de servicios profesionales en media training e imagen pública.

Los expertos en media training ofrecen servicios de capacitación a sus clientes para obtener el mejor provecho posible de los medios de comunicación. Los consultores en imagen ofrecen un amplio repertorio de consejos que incluyen recomendaciones sobre protocolo, vestuario, aroma, la forma de contestar el teléfono (De Menthon, 1994) y hasta cómo caminar (De Armentaras, 1962; Collel, 1996; Vargas, 1998 y 1999).

Imagen pública en Iberoamérica

El concepto de imagen pública fue introducido en el mundo hispanoparlante por el célebre comunicólogo español Joan Costa, en el año de 1992. En la llamada industria del consentimiento -término propuesto por Edgard Bernays, en 1955-, participan profesionales de la comunicación y, por supuesto, auténticos charlatanes, destacando antiguos conductores de televisión y hasta peluqueros. Por ejemplo, en un pueblo próximo a Murcia, España, un peluquero ha incrementado los precios de los cortes de cabello que ejecuta al posicionarse como psicoestilista.

En España, el tema de imagen pública ha sido considerado asunto delicado. La doctora Ana Azurmendi Adarraga (1998), investigadora de la Universidad de Navarra, ha sido firme impulsora de un tema que permanecía como inédito en el Derecho y en las Ciencias de la Comunicación: el Derecho de Imagen.

En resumen

Evaluar los posibles escenarios y situaciones de vulnerabilidad en la organización; identificar públicos latentes o manifiestos que podrían tomar provecho de un hecho inesperado para perjudicar los intereses del cliente representado; anticipar posibles situaciones de conflicto; reconocer escenarios y situaciones de riesgo; mediar y negociar con actores cuyos intereses resultan antagónicos; impulsar radicales transformaciones culturales en las organizaciones representan una de las áreas más exigentes de la gestión de comunicación institucional en situaciones de crisis.

La supervivencia de muchas marcas e instituciones en buena medida depende de la capacidad para reducir riesgos e incertidumbre. En algunas organizaciones, la comunicación en crisis representa el escenario cotidiano. La organización habitable (Serrano, et al, 2001) admite ser considerada como uno de los mejores testimonios que ha generado la academia latinoamericana de comunicación para documentar una eficiente gestión comunicativa, destinada a contribuir positivamente a la transformación cultural de un gran corporativo de las telecomunicaciones (Telmex), venciendo la resistencia de un sindicato que oponía firme resistencia a toda iniciativa de modernización.

La comunicación con públicos financieros representa una de las áreas más delicadas de la comunicación estratégica, como anticipaba Louise Fleming en 1990, y como han reconocido destacados teóricos de la comunicación como José Daniel Barquero (2001), y Charles Fombrun y Cees Van Riel (2003). En América Latina, muy pocas escuelas de comunicación han reparado en la importancia de la comunicación estratégica con públicos financieros.

Por último, la formidable revolución de Internet y de las comunicaciones digitales, en general, ha impuesto nuevas y exigentes competencias profesionales. En años recientes, en América Latina no pocos académicos e investigadores de la comunicación han pretendido asumir roles de supuestos expertos en temas de cibercultura y Sociedad de la Información. La mayoría, sin embargo, resulta incapaz de poder siquiera contribuir al eficiente diseño de estrategias institucionales de comunicación en línea.

El advenimiento de nuevas áreas de oportunidades para profesionales de las ciencias de la comunicación, naturalmente obliga a reparar en la pertinencia de los planes de estudio de nuestras escuelas y facultades. En América Latina, pocas universidades han advertido la necesidad de transformar sus planes de estudio ajustándolos a la evidente complejidad que hoy supone el ejercicio profesional de la comunicación.

La comunicación con públicos financieros representa una de las áreas más delicadas de la comunicación estratégica, como anticipaba Louise Fleming en 1990, y como han reconocido destacados teóricos de la comunicación como José Daniel Barquero (2001), y Charles Fombrun y Cees Van Riel (2003). En América Latina muy pocas escuelas de comunicación han reparado en la importancia de la comunicación estratégica con públicos financieros.

Bibliografía

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A propósito del 24 de marzo: La memoria y el olvido como cuestión política

Marzo 24, 2008

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En agosto de 2000 asistí en Paraná a un seminario denominado Memoria Colectiva e Identidad Nacional, dictado por el doctor Bruno Groppo, donde abordó detalladamente el el caso de la Alemania del posnazismo.

A propósito de mañana 24 de marzo, una fecha que tiene que ver con la memoria colectiva en Argentina, se me ocurrió subir este material de Waldo Ansaldi en el que también aborda el tema de la Memoria.

El artículo en cuestión -que toma algunas consideraciones sobre el tema de Bruno Groppo-, es una versión ligeramente ampliada de la ponencia presentada originariamente -con el título “Memoria y olvido como cuestión política”- en las VIII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Salta (Argentina), del 19 a 22 de septiembre de 2001. La expresión que ahora sirve de título del artículo -“Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición”- pertenece a Napoleón Bonaparte. Los argumentos aquí sostenidos retoman -a veces repiten, otras corrigen- los ya expuestos en ocasión de congresos sobre el tema en Porto Alegre (junio 2000) y Córdoba (marzo 2001) y son parte de un proyecto de investigación colectiva que dirige Ansaldi, Nación, ciudadanía y derechos humanos en los países del Mercosur (Programación Científica Universidad de Buenos Aires, 2001-2002, Proyecto S/004), continuación, a su vez, del desarrollado entre 1998 y 2000 (Proyecto TS/02, Nación y ciudadanía en Argentina y América Latina).

Ver el artículo de Waldo Ansaldi.


Pensamiento único, neoliberalismo y mundialización

Marzo 22, 2008

Por Hernán Elvira

El Pensamiento Único

Aunque el término es de nueva creación, conviene recordar que durante la mayor parte de la historia, la humanidad ha vivido supeditada a alguna forma de “pensamiento único“.

Prácticamente todas las civilizaciones humanas (quizá con la única excepción-parcial- de la griega) tuvieron un conjunto de verdades socialmente sancionadas y de obligada creencia y cumplimiento

Estas creencias, presentadas con formato religioso, constituían la forma en que los hombres adscritos a esa cultura percibían el mundo y su funcionamiento. Esa única verdad era propagada por los representantes de los grupos privilegiados y tendía a la perpetuación de esos privilegios. Salir fuera de ese mayoría era -a resultas de una formación sistemática en la conformidad- simplemente, impensable.

Entre nosotros la civilización cristiana constituye una formulación especialmente representativa de este “pensamiento único” tradicional. A partir del siglo XVII, con la aparición del racionalismo y por una conjunción compleja de factores que escapan a este texto, el monoteísmo de la verdad única parece fragmentarse en un conjunto de verdades, de “ismos” que luchan por extenderse en las conciencias de los ciudadanos.

La mente humana ha descubierto que puede elaborar diferentes concepciones del mundo y se lanza -filosofía, ciencias- a la investigación y reconstrucción de la realidad.

Con la democratización del papel impreso, los medios de difusión de las ideas parecen equilibrarse en parte y las diversas teorías sobre lo que es y sobre lo que debe ser se extienden y compiten entre sí. Ciertamente, las nuevas razones en lucha repiten en buena parte los males de la verdad única a la que buscan sustituir, por lo cual, en las revoluciones que se suceden, los privilegios se limitan a cambiar de manos en vez de desaparecer… Pero no se trata aquí de hacer la crítica de la razón naciente sino de notar que durante ese par de siglos la producción y contraste de distintos pensamientos es un proceso que parece ir generalizándose. A principios del siglo XX -antes de que pudiéramos ver a la razón depurarse críticamente y acaso dar sus frutos- van sentándose las bases de un retroceso a épocas pasadas de irracionalidad e imperio de una única manera de entendernos a nosotros mismos y al mundo. La clave de este siglo de involución puede situarse en el desarrollo de los medios de comunicación de masas. Y esto no en cuanto a la rapidez de los medios electrónicos ni a la maravilla técnica que implican; lo esencial es la asimetría brutal que imponen entre el emisor y el receptor de mensajes. En el siglo XIX el libro, el panfleto, el discurso -medios asequibles a muchos- tuvieron una influencia social. Hoy, el cine, la televisión, son tan inasequibles y unidireccionales como lo fue la catedral en la edad media.

Noam Chomsky (“El control de los medios de comunicación” en Cómo nos venden la moto. Icaria, 1995) apunta que la primera operación moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno fue la instrumentada por el ejecutivo de Woodrow Wilson en 1916 (a través de la llamada Comisión Creel) a fin de inculcar a los despreocupados norteamericanos el odio hacia Alemania y la necesidad de que Estados Unidos tomaran parte en la Primera Guerra Mundial. Desde entonces el increíble poder de las modernas herramientas de conformidad social no ha hecho sino aumentar y perfeccionarse. Ya en los años 20 del pasado siglo ideólogos como Walter Lippman (citado por Chomsy) habían sentado las bases de un nuevo diseño de la conformidad social. La teoría de Lippman divide a los ciudadanos en dos clases diferenciadas: los que asumen algún papel activo en cuestiones de administración y gobierno (a este grupo se accede sirviendo a los poderosos e interiorizando -aquí la necesidad de la educación privada- las doctrinas que mejor corresponden a los intereses de estos) y por otro lado el “rebaño desconcertado”, es decir, la generalidad de la población, demasiado estúpida para comprender los temas de relevancia. Sería peligroso que los miembros del “rebaño” tomaran algún papel activo, por lo que su función es la de ser espectadores de la acción de gobierno, librándose periódicamente de su carga en algún miembro de la clase especializada. Entretanto el rebaño ha de ser entretenido y conducido y sus miembros mantenidos en el aislamiento que impida una organización de la gente en defensa de sus intereses. Para Lippman, es misión de la élite la fabricación de consenso, esto es, el pastoreo mediático del rebaño incapaz de comprender por sí mismo cuáles son los intereses comunes. Dejando aparte las disquisiciones universitarias e intelectuales, y aunque parezca disparatado, esta ha sido y es hoy la teoría social dominante.

El Neoliberalismo

De la misma manera que el “pensamiento único” antiguo presentaba la sociedad aristocrática como la única sensata e imaginable, así los medios masivos hoy nos presentan el sistema capitalista en que está organizado el sistema de privilegios de nuestro tiempo como connatural a la especie humana, como único posible. Un impresionante conjunto de instituciones, fundaciones, grupos de estudio y foros internacionales, con financiación ilimitada y el respaldo casi total de los medios de comunicación, trabajan incansablemente desde hace décadas (las más antiguas de estas instituciones datan de los años 20 del pasado siglo; la mayoría, de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial) para elaborar y extender aquellas doctrinas que, sirviendo directamente al conglomerado empresarial-estatal, puedan presentarse al público como hechos naturales obvios e irrefutables.

Ignacio Ramonet (“Pensamiento único y nuevos amos del mundo” en Cómo nos venden la moto. Icaria, 1995) define el pensamiento único como “la traducción a términos ideológicos de pretensión universal de los intereses de un conjunto de fuerzas económicas, en especial las del capital internacional”. Y añade: “Se puede decir que está formulado y definido a partir de l944, con ocasión de los acuerdos de Bretton Woods. Sus fuentes principales son las grandes instituciones económicas y monetarias -Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización de Cooperación de Desarrollo Económico, Acuerdo General sobre Tarifas Aduaneras y Comercio, Comisión Europea, (…), etc.- quienes, mediante su financiación, afilian al servicio de sus ideas, en todo el planeta, a muchos centros de investigación, universidades y fundaciones que, a su vez, afinan y propagan la buena nueva.(…) En casi todas partes, facultades de ciencias económicas, periodistas, ensayistas y también políticos, examinan de nuevo los principales mandamientos de estas nuevas tablas de la ley y, usando como repetidores los medios de comunicación de masas, los reiteran hasta la saciedad, sabiendo a ciencia cierta que, en nuestra sociedad mediática, repetición vale por demostración.”En la misma línea y refiriéndose al neoliberalismo, Susan George (Citado en Joaquín Estefanía, La nueva economía, Debate, 2001) escribe:”…empezó a construirse a partir de la nada después de la Segunda Guerra Mundial ante una indiferencia generalizada. Pero algunas décadas después, gracias a la inteligencia estratégica de sus promotores y los cientos de millones de dólares de financiación (…) se ha convertido en pedestal del pensamiento único. Los neoliberales siempre supieron que había que empezar por transformar el panorama intelectual. Y es que, antes de que tengan consecuencias sobre la vida de los ciudadanos y de la ciudad, las ideas tienen que ser propagadas. Hay que permitir que los que las producen, publican, enseñan y difunden lo hagan en buenas condiciones.

Por eso desde l945, el movimiento neoliberal no ha dejado de reclutar a pensadores y proveedores de fondos y dotarse de medios financieros e institucionales importantes.” En resumen de Ramonet, estos serían los principios del neoliberalismo-pensamiento único:

· “Lo económico prima sobre lo político. Se coloca a la economía en el puesto de mando (un marxista distraído no renegaría de este principio); una economía, desde luego, liberada de la ganga de lo social.

· El mercado, cuya mano invisible corrige las asperezas y disfunciones del capitalismo, y muy especialmente los mercados financieros, cuyos signos orientan y determinan el movimiento general de la economía.

· La competencia y la competitividad, que estimulan y dinamizan a las empresas llevándolas a una permanente y benéfica modernización.

· El libre intercambio sin límites, factor de desarrollo ininterrumpido del comercio y, por consiguiente, de la sociedad.

· La mundialización, tanto de la producción manufacturera como de los flujos financieros.

· La división internacional del trabajo, que modera las reivindicaciones sindicales y abarata los costes salariales.

· La moneda fuerte, factor de estabilización.

· La desreglamentación, la privatización, la liberalización.

· Cada vez menos estado y un arbitraje constante en favor de los ingresos del capital en detrimento de los del trabajo.

· Indiferencia con respecto al costo ecológico. Es decir, resumiendo lo visto hasta ahora: los grupos de interés económico y político, han visto acaso peligrar su posición con las pretensiones emancipadoras de la razón, que con sus construcciones utópicas amenazaba con trastocar el orden social. Gracias al desarrollo tecnológico, en especial al aplicado a la propagación de mensajes, ven llegado el momento de regresar a aquel estadio de conformidad adormecida de las mayorías que sostuvo durante milenios los privilegios de sus antecesores en la cima de la pirámide social.

Para lograr este objetivo resta, sin embargo, un obstáculo aún no onsiderado: la autonomía política de los estados nacionales, que con sus medidas proteccionistas pueden intentar favorecer la producción propia de bienes, dificultando así la mecánica de la obtención masiva de beneficios de las grandes corporaciones comerciales.

La Mundialización

Quizá pocos fenómenos puedan parecer más naturales que la globalización. El aumento de las relaciones entre los pueblos, el contacto e intercambio constantes entre las naciones son, desde luego, presentados como algo espontáneo y benéfico para el conjunto de la humanidad. Pero -en el sentido que hoy le damos a la palabra- la globalización es uno de los elementos más intencionadamente construidos y que mejor sirven al beneficio a costa de la miseria humana y ecológica, de todos cuantos integran el cuadro del pensamiento único. En su estudio del Nuevo Orden Mundial (Fragmento editado en folleto, sin identificar), Martín Lozano detalla la naturaleza y actividades de un nutrido grupo de agentes institucionales en pro de la mundialización neoliberal de la economía, desde el Instituto Aspen (1949) hasta la Conferencia de Davos (1971), pasando por el Bilderberg Group (1954) o el Club de Roma (1968). Pero quizá el más representativo de todos ellos sea la Comisión Trilateral, nacida en Kyoto (1975) de la mano de las firmas bancarias, comerciales e industriales más poderosas del planeta.

Si bien los objetivos públicos de la Comisión se acogen a la retórica “humanista” de la globalización: “Todos los pueblos forman parte de una comunidad mundial, dependiendo de un conjunto de recursos. Están unidos por los lazos de una sola humanidad y se encuentran asociados en la aventura común del planeta Tierra” (Declaración de Filadelfia); sus auténticos propósitos son consolidar la hegemonía del bloque desarrollado sobre los países del Tercer Mundo e impedir que éstos puedan obstaculizar el futuro de ese predominio. Ya en1975, Z. Brzezinski -uno de los principales constructores de la ideología de nuestro siglo- señalaba que “el eje esencial de los conflictos ya no se sitúa entre el mundo occidental y el mundo comunista, sino entre los países desarrollados y los que aún no lo están” y pedía -como hoy pide Bush- “el establecimiento de un sistema internacional que no pueda verse afectado por los ‘chantajes’ del Tercer Mundo”. La pretensión mundializadora, que también anima a instituciones como el FMI, GATT, Maastricht, etc., fue claramente enunciada por David Rockefeller en palabras igualmente recogidas por Lozano: “De lo que se trata es de sustituir la autodeterminación nacional que se ha practicado durante siglos en el pasado por la soberanía de una élite de técnicos y de financieros mundiales.”Este proyecto de gobierno mundial de las corporaciones era claramente explicado en la Conferencia de Davos de 1971: “En los próximos treinta años, alrededor de trescientas multinacionales geocéntricas regularán a nivel mundial el mercado de los productos de consumo, y no subsistirán más que algunas pequeñas firmas para abastecer mercados marginales. El objetivo deberá alcanzarse en dos etapas: primeramente, diversas firmas y entidades bancarias se reagruparán en el marco multinacional; después (…) esas multinacionales se acoplarán al objeto de controlar, cada una en su especialidad, el mercado mundial. “Nada más alejado, como vemos, al fenómeno natural e irreversible que con frecuencia se nos presenta. La mundialización no es sino la extensión del poder del gran capital a cada rincón del planeta, por encima de la autonomía política de los estados -vease el papel de la Unión Europea- y en claro perjuicio de los ciudadanos, especialmente de los del Tercer Mundo. Y es un proceso planificado y llevado a la práctica por los agentes de las grandes corporaciones -junto con el resto de las transformaciones neoliberales en favor de los privilegiados- y transformado en ideología popular, en la nueva verdad que nadie puede dejar de ver, por la acción sistemática de los medios de comunicación.

Final

Para terminar, algunas reflexiones que quedan abiertas:

Ya que la fabricación del consenso mediante la manipulación mediática es un mecanismo de tipo irracional -que apela y utiliza constantemente las instancias afectivas, inconscientes, del individuo- parece que la manera de contrarrestarla extensión del pensamiento único es el estudio independiente y el análisis crítico; es decir una recuperación (pero evitando los excesos del racionalismo) de aquella actividad de razonamiento que puso ya en peligro en siglos pasados los privilegios medievales. Las concepciones del mundo contrapuestas al poder vigente se extendieron en su momento gracias a la popularización de los materiales impresos. El estado y las corporaciones contestan con la creación y manejo de estructuras mediáticas unidireccionales que les aseguran el control dela opinión. ¿No representará hoy la popularización de internet (que permite publicar a bajo costo) una posibilidad de cortocircuitar los medios masivos y difundir hechos y razonamientos contrarios al consenso neoliberal? De ahí la importancia de crear espacios comunicativos de insumisión. Sin embargo el medio virtual, que es estructuralmente abierto, se va cerrando rápidamente por el monopolio comercial y publicitario… Hemos visto que tanto el proceso de la creación de consenso mediático en torno al capitalismo como la mundialización de la economía, son fenómenos largo tiempo planificados, en los que se han invertido sumas colosales y que requieren la complicidad de compleja estructuras técnicas y de auténticos ejércitos de expertos, periodistas, escritores, políticos… Esto parece indicar que no se trata de mecanismos naturales e inevitables en la evolución del mundo social.

Aunque un enfoque estructural es sin duda pensable, la realidad que vivimos parece claramente construida de manera voluntaria, laboriosa e interesada, por determinados sectores de la sociedad. Contra un fenómeno natural es inútil combatir, pero contra la acción voluntaria y perjudicial de otros (aunque esté respaldada por medios descomunales) es pensable la crítica y la negación.


Estimular la creatividad en el ámbito laboral y ganar competitividad

Marzo 18, 2008

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Según especialistas, todos los empleados pueden generar buenas ideas. De qué forma pueden las empresas fomentar la capacidad de innovación en su personal.

“Una idea no es más que una combinación nueva de viejos elementos”. Ésta es la piedra angular de la creatividad, expresada por Jack Foster en el libro How to Get Ideas (“Cómo dar con ideas”). Para producir nuevas ideas a partir de la combinación de otras anteriores, las empresas tienen que observar, escuchar, no perder nunca la curiosidad y ser audaces.

Historias de éxito como las de 3M, Intel o Microsoft demuestran que la creatividad y la innovación pueden ser los elementos que distinguen a una empresa y le procuran una auténtica ventaja competitiva a largo plazo.

Pero ¿en qué se diferencian la creatividad y la innovación? y ¿cómo pueden desarrollarse estas capacidades en las organizaciones?

Aunque creatividad e innovación van de la mano, la primera abre la puerta a la segunda. La creatividad es la capacidad de introducir algo por primera vez, mientras que la innovación consiste en crear o modificar un producto y lograr venderlo en un mercado.

Las empresas necesitan la creatividad para innovar en determinadas áreas de sus actividades diarias, ya sean procesos, relaciones humanas, toma de decisiones o soluciones, o departamentos como producción, logística, marketing o servicio posventa.

¿Pueden ser creativos todos los empleados? Es necesario derrumbar el mito de que depende de la personalidad, la inteligencia, la edad o la experiencia, o que es característica de quienes viven peligrosamente.

Lo cierto es que, muy a menudo, son las personas conservadoras las que dan con las mejores ideas. Distintos estudios han indicado que personas excepcionalmente inteligentes, con un alto coeficiente intelectual, no son más creativas que las que tienen un coeficiente medio.

La creatividad surge cuando se tienen las aptitudes y actitudes correctas: capacidad y voluntad. Sin embargo, si todos podemos ser creativos, ¿cómo pueden las empresas fomentar el talento creativo? Los empleados necesitan libertad para trabajar, ya que las mejores ideas se nos ocurren cuando nos divertimos, reímos y disfrutamos de nuestro trabajo.

Actitudes y aptitudes básicas

Tener una mentalidad creativa supone mostrar siempre una disposición a abordar los problemas y las distintas situaciones con nuevos enfoques.

La creatividad se basa en tres actitudes básicas:

  • Tenacidad,
  • Confianza
  • Entusiasmo

La tenacidad es necesaria porque la creatividad no es una chispa que surge de la nada, sin dedicarle ningún esfuerzo. Al contrario, el trabajo creativo exige la participación de las dos mitades del cerebro, la creativa “situada en la zona derecha” y la ejecutiva “en la izquierda”.

La mitad ejecutiva del cerebro se hace cargo de la primera fase de un proyecto creativo: se analizan los hechos, se define el problema y se reúne la información relevante. Sólo entonces podemos generar alternativas creativas. Sin embargo, esas alternativas no servirán de nada si no se materializan en un plan de acción, un paso que exige de nuevo la intervención de la mitad ejecutiva del cerebro.

La confianza es importante porque el estrés, la frustración y el miedo al ridículo o al fracaso pueden atentar contra la creatividad, por lo que debemos ser audaces y calcular bien los riesgos.

El consejo es reservar unas horas al día para pensar tranquilamente. El entusiasmo es esencial porque la creatividad florece cuando nos apasiona nuestro trabajo, cuando nos sentimos profundamente motivados. Debemos preguntarnos, entonces, cómo disfrutar más de él.

Además de la actitud o la voluntad, son necesarias la aptitud o capacidad. En los negocios no basta la originalidad. Las ideas han de ser útiles y prácticas. Para mejorar nuestra capacidad de producir nuevas ideas tenemos que aprender a hacer un mejor uso de los “viejos elementos”.

Para eso, tenemos que observar el mundo que nos rodea y aprender de él, lo que implica escuchar atentamente para quedarnos con el mensaje y poder reproducirlo en su integridad más adelante. Y siendo curiosos nos abrimos a nuevas experiencias, temas y situaciones que pueden ser beneficiosos para nuestro trabajo.

En ocasiones, es bueno distanciarse del problema e intentar verlo desde otros ángulos, porque nuestra mente puede crear obstáculos que no existen. Para ser creativos respecto a un tema hay que ser concreto; fijar objetivos nos ayuda a centrarnos y a focalizar nuestra energía, lo que facilita el esfuerzo creativo.

Sin embargo, no hay que centrarse únicamente en resolver problemas, sino que se trata de buscar soluciones para mejorar las cosas. Para ello, será necesario recabar información y averiguar todo lo que se pueda sobre ese tema.

A todos nos han enseñado a pensar lógicamente, o verticalmente. Pero deberíamos aprender a pensar lateralmente, diversificando nuestra atención para estimular distintas percepciones y enfoques. Por ejemplo, cuando conectamos dos opiniones diferentes de un cliente y de un distribuidor estamos pensando lateralmente.

Una vez que hemos observado, escuchado, reunido información y generado nuevas alternativas, debemos relajarnos, ya que las mejores ideas se nos suelen ocurrir cuando hacemos algo que no tiene nada que ver con el problema en cuestión. Y cuando surge la idea, hemos de conceptualizarla y ser capaces de explicarla con claridad.

Fomentar el talento creativo

La actitud creativa tiene que ver con la voluntad, y por ello dependerá fundamentalmente de la motivación. Para fortalecer la actitud creativa de nuestros subordinados tenemos que reafirmar su motivación mediante varias medidas.

En primer lugar, premiando la iniciativa. Sin despreciar las ideas. Mostrando gratitud, debemos registrarlas y desarrollarlas. Los premios no necesariamente tienen que ser monetarios. Las personas que disfrutan de su trabajo le dedican más tiempo.

En segundo lugar, tenemos que asignar cada tarea a la persona adecuada, porque la tarea se convierte entonces en un reto personal que estimula las aptitudes del empleado.

También deberíamos alentar la experimentación. Se dice que Bill Gates celebra sus fracasos con champán. Deberíamos animar a las personas a arriesgarse, haciéndoles saber que no pasa nada si cometen errores porque siempre se puede aprender de ellos.

Fijar objetivos claros y estables instiga la creatividad, al delimitar el espacio de que disponen las personas para experimentar. También tenemos que dar buen ejemplo a los empleados y fomentar la colaboración entre ellos.

Por último, deberíamos pararnos a pensar cómo podemos hacer el trabajo de nuestros subordinados más interesante e incluso emocionante.

Hay cuatro maneras de alentar la aptitud creativa de los empleados:

  • Fomentar la diversidad;
  • animarlos a estudiar y utilizar fuentes de innovación;
  • plantearles preguntas denominadas SCAMPER (S de sustituir, C de combinar, A de adaptar. M de modificar, P de propósito, E de eliminar y R de reorganizar o revocar), y
  • alentarlos a usar técnicas de creatividad de equipo.

Los grupos cuyos integrantes tienen una gran diversidad de experiencias son más eficaces a la hora de estimular la creatividad. Es mucho más probable que surja la creatividad en equipos de personas con experiencias y bagajes intelectuales diferentes, así como distintas maneras de abordar los problemas o situaciones.
En su búsqueda de oportunidades de innovación, los empleados deberían beber de las siete fuentes de innovación identificadas por el experto en gestión empresarial Peter. F. Drucker:

  • Sorpresas,
  • incongruencias,
  • cuellos de botella,
  • cambios en el sector,
  • cambios de percepción,
  • cambios demográficos y
  • cambios en el conocimiento.

Por último, para promover el pensamiento lateral, los equipos pueden recurrir a técnicas de creatividad como la provocación, la falacia lógica, la lluvia de ideas o los seis sombreros para pensar, con las que cada miembro del equipo ha de estudiar un tema o situación desde un punto de vista diferente.
La creatividad surge cuando se tienen las aptitudes y actitudes correctas. Cuando a las personas se les da libertad para trabajar como más les gusta en un entorno estimulante, cuando sienten que se valora lo que hacen, son más creativas.
Por ello, para forjar una cultura de creatividad, las empresas deberían centrarse en personas motivadoras con misiones y objetivos claros, así como fomentar el intercambio de información y la colaboración.
Por Pablo Cardona y Helen Wilkinson, profesores del IESE


Estudio de la Ciencia Política

Marzo 16, 2008

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Ciencia Política. Caracterización

La ciencia política (conocida también como politología) es una ciencia social que desarrolla su campo de estudio tanto en la teoría como en la práctica política en sus diversas manifestaciones.

Su objeto de estudio es la “realidad política”, categoría analítica sobre la que el politólogo aplica todas las herramientas metodológicas hoy disponibles para describir, explicar y formular predicciones sobre los hechos y fenómenos políticos que la conforman.

Encontramos formando parte de esta realidad política a actores socializados (individuales o grupales); estructuras de mediación (partidos políticos y grupos de interés); normas formalizadas para la solución pacífica de los conflictos; normas no formalizadas pero aceptadas implícitamente; ideologías, doctrinas, valores, creencias y opiniones dominantes; instituciones (el Estado, la más importante); y desde luego el poder.

La Politología, trascendiendo la descripción y la mera opinión, se orienta al conocimiento riguroso, sistemático y objetivo (avalorativo) de los hechos y fenómenos que conforman la realidad política.

El conocimiento producido, como en toda ciencia, es obtenido mediante la observación y el razonamiento, utilizando argumentos sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales.

En esta acepción el término “ciencia” (política) es adoptado en su significado tradicional como opuesto a la “opinión” donde “ocuparse científicamente de política” significa no abandonarse a la creencia del vulgo y no lanzar juicios de valor sobre la base de datos no atinados. En una palabra, remitirse a la prueba de los hechos; es decir, estudiar la repetición de fenómenos en el terreno de la política, a semejanza de lo que ocurre en las ciencias numéricas. Por tanto, el estudio de la política es lo observable. En general no está referido a lo que debería ser la política como tipo ideal o conducta deseada; esa área dentro de la teoría política es característica de la filosofía política. Tampoco es el estudio de los elementos formales de la política como lo son las leyes, su formación y las intenciones de éstas, tarea de la jurisprudencia.

La ciencia política tiene en cuenta el comportamiento político efectivo y observable de las personas y las sociedades, así como de sus estructuras y procesos. Sus niveles de teorización son el descriptivo, el explicativo y el predictivo. Podemos definir, entonces, a la Ciencia Política como “la ciencia que estudia la realidad política tal cual es (y no como debería ser)”.

Historia

Durante la Revolución Industrial y las revoluciones liberales del siglo XIX, se creó la necesidad de efectuar una crítica social a fin de evaluar los cambios sociales y políticos que se sucedían, así como su impacto en la sociedad y los motivos que los habían producido.

La preocupación por el cambio social, combinada con el desarrollo que las ciencias naturales estaban logrando gracias al desarrollo del método científico, impulsó la fusión de ambas, dando lugar a las ciencias sociales. Así surgiría la Sociología, y más adelante la Ciencia Política, asociada al estudio de la jurisprudencia y de la filosofía política.

El término Ciencia Política fue acuñado en 1880 por Hebert Baxter Adams, profesor de historia de la Universidad Johns Hopkins. Aunque su verdadero desarrollo como disciplina científica es posterior a la Segunda Guerra Mundial, antes de dicho periodo se asociaba al estudio de la jurisprudencia y la filosofía política. Otros autores afirman que el término Ciencia Política es propuesto por Paul Janet, quien lo utiliza por primera vez en su obra Historia de la Ciencia Política y sus relaciones con la Moral escrita a mediados del siglo XIX.

Áreas de investigación

Las principales áreas de investigación y análisis de la Ciencia Política son:

· El poder político y las características de su obtención y su ejercicio.

· La autoridad y su legitimidad.

· El Estado.

· La Administración pública.

· Las políticas públicas.

· La gestión pública.

· Las instituciones políticas.

· Los sistemas políticos y los regímenes políticos.

· Los partidos políticos y los sistemas electorales.

· El ordenamiento de la acción colectiva.

· El comportamiento político.

· La opinión pública y la comunicación política.

· Las relaciones internacionales.

Las más importantes áreas de estudio dentro de la Teoría Política están orientadas hacia el análisis de las instituciones, las políticas públicas, la política comparada, el comportamiento político y la comunicación política.

Entre los principales autores contemporáneos que contribuyeron al desarrollo y consolidación de la ciencia política como disciplina autónoma podemos citar entre los mas relevantes a Gabriel Almond, Norberto Bobbio, Robert A. Dahl, Maurice Duverger, David Easton, Harold D. Laswell, Arendt Liphjart, Giovanni Sartori, Sydney Verba, Stein Rokkan, Dieter Nohlen, Gianfranco Pasquino, entre otros.

La Lista Tipo de la Unesco

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, y cuanto más maduraba la Ciencia Política como empresa intelectual, mayor era el volumen y la variedad de los temas a estudiar. A pesar de ello la disciplina amenazaba con venirse abajo, debido al enorme esfuerzo que suponía el establecer un orden lógico y coherente en un bamboleante montón de conocimientos sobre los más variados asuntos.

El año 1948 marca un hito en la Ciencia Política: a pedido de la Unesco se reúnen en París los más destacados expertos y estudiosos con la finalidad de tratar de redefinir y acotar su objeto de estudio.

Las deliberaciones concluyen con la confección de la célebre Lista Tipo elaborada bajo una fuerte influencia del pensamiento anglosajón. Si bien ella constituye tan sólo una mera enumeración pragmática de temas, en el sentido que no encierra un concepto esencial o distintivo de lo político, sigue siendo a pesar de más de medio siglo de vida un obligado punto de referencia para la elaboración de marcos teóricos y la confección de currícula universitarias.

Los distintos temas propuestos quedan agrupados en 4 secciones:

I. Teoría política

a) Teoría política

b) Historia de las ideas políticas

II. Instituciones políticas

a) Constitución

b) Gobierno central

c) Gobierno regional y local

d) Administración pública

e) Funciones económicas y sociales del gobierno

f) Instituciones políticas comparadas

III. Partidos, grupos y opinión pública

a) Partido político

b) Grupos y asociaciones

c) Participación del ciudadano en el Gobierno y la Administración

d) Opinión pública

IV. Relaciones internacionales

a) Política internacional

b) Organización y administración internacional

Métodos

Los métodos empleados por la ciencia política son principalmente los de las ciencias sociales. Las encuestas de campo pueden permitir refrendar y comprobar en la práctica las ideas lanzadas por los autores. Las encuestas son, en cierta forma, las “recetas de cocina” de la ciencia política.

Cualitativo: El método cualitativo consiste en realizar entrevistas semiorientativas con actores concernidos o afectados por el objeto de estudio. La ventaja de este método es que permite recoger un material rico en información (más completa que en los cuestionarios). El riesgo a evitar es la reproducción del discurso de los actores en lo que se diga posteriormente sobre el objeto en cuestión (por ejemplo, un estudio electoral que refleja los puntos de vista de uno u otro político de un determinado partido). El método cualitativo es empleado sobre todo por los investigadores europeos.

Cuantitativo: Los métodos cuantitativos implican el uso del cuestionario (escrito, por teléfono) y de la estadística. Permiten recabar un gran número de datos y, por lo tanto, analizar los fenómenos bajo un punto de vista global. La gran cantidad de datos da una cierta representatividad a los resultados producidos. La constitución de una muestra representativa (con las mismas proporciones por categorías de personas que en la realidad) es, por lo tanto, necesaria. Los datos son tratados a continuación mediante herramientas estadísticas como SPSS o Modalisa. Los métodos cuantitativos requieren de una cierta potencia técnica de las herramientas estadísticas, y son también más costosos. Estas grandes encuestas requieren equipos y medios sólidos. Se emplean, principalmente, en Estados Unidos.

Histórico: El método histórico no consiste ni en una colección de datos ni en una sucesión de acontecimientos no es una historia cuantitativa, sino en retratar la “historia larga de la política”[1] , con el fin de poner en evidencia “las lógicas sociales de la obra en la vida política”[2] a largo plazo.

(1/2) Déloye, Yves, Sociologie historique du politique, París, La Découverte, Repères, 2007, (3ª ed.).

 

Ver material teórico

La política como vocación – Max Weber (Ver Biliografía Unidad 1)

Estado, Capitalismo y Democracia en América latina – Atilio Borón (Ver Bibliografía Unidad 3)

Sistemas políticos comparados – Cátedra Sociología FSC UBA


Los medios son el aparato ideológico de la globalización

Marzo 15, 2008

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Por Ignacio Ramonet

Exposición del intelectual y periodista Ignacio Ramonet en la clausura de la Bienal Iberoamericana de Comunicación realizada en Córdoba (Argentina) del 26 al 29 de septiembre de 2007.

“No puedo empezar esta charla, esta reflexión, sin rendir homenaje a la extraordinaria reflexión que acaba de proponer mi amigo, maestro, Héctor Schmucler con mucha valentía. Esta exposición, este testimonio personal es también la historia de la comunicación contemporánea y el itinerario intelectual que merece mucha reflexión para todos nosotros que hemos conocido y acompañado una parte de esa experiencia.

Quisiera presentar una serie de apuntes porque creo que estamos todos deseando pasar a una nueva etapa y sacar la lección de todo lo que hemos aprendido en estos tres días. Algunos apuntes, quizá, en prolongación de este itinerario histórico que había propuesto Shmucler y con la idea de decir en qué momento estamos hoy – en mi opinión-, de esta historia mediática y comunicacional.

Pienso que los medios, en general, aparecen -quizá por la cultura mediática que hemos adquirido en los últimos decenios y como consecuencia de los trabajos realizados por los departamentos de ciencias de la comunicación. Todo ese saber que se ha desarrollado, relativamente nuevo, no existía masivamente hace 50 años y que se ha extendido ahora-, como un problema de la democracia.

Si los medios son la condición para la democracia, en la medida en que la ausencia de democracia se caracteriza precisamente por la ausencia de libertad de expresión y de una pluralidad que exprese la riqueza y la diversidad de la sociedad. Hoy, curiosamente, se produce en nuestras sociedades primero un sentimiento difuso: que los medios no funcionan.

Medios y mentiras

No sólo porque a veces se les pilla en flagrante ejercicio de mentira, como lo vimos en momentos trágicos, en particular en la víspera a la invasión de Irak, cuando se avanzó desde las posiciones de autoridad tan importantes como la presidencia de los EE.UU. o algunos de los medios más respetados hasta entonces como el New York Times, o el Washington Post; se pudo afirmar que Irak poseía armas de destrucción masiva o que Irak y el presidente Sadam Husseim habían participado de las organizaciones de los atentados del 11 de septiembre.

Dos evidentes mentiras, hoy demostradas. No sólo por eso estas mentiras se acumulan. Pero, en la historia mediática también han habido otras mentiras. Por ejemplo, cuando estudiamos la comunicación nos damos cuenta que desde la resistencia salvaje y popular a una comprensión política, a una dictadura, a un autoritarismo, precisamente, en una sociedad donde no se permite la libertad de expresión, la sociedad va a emitir una serie de mensajes anónimos que circulan por y para subvertir el orden existente. Es característico de las dictaduras.

En las dictaduras, hay muchos rumores. Si el dictador y el sistema dictatorial afirman algo, aunque todo el aparato mediático del poder insistan en repetir esa verdad oficial, la sociedad no se lo cree y difunde automáticamente rumores que descalifican la palabra del poder.

La otra manifestación salvaje de resistencia popular a la voluntad de imponer un discurso, por ejemplo, es el chiste. Nunca se han producido tantas historias que se burlan del poder, que hacen reír, como en los sistemas autoritarios. Y estos dos aspectos, curiosamente el chiste, la broma y el rumor a expensas del poder para descreibilizar la palabra del poder, son dos manifestaciones características de las dictaduras.

Pero si nosotros observamos lo que pasa en nuestras democracias desarrolladas hoy ¿qué es lo que vemos? En la mayoría de los países – no sé si es el caso en Argentina- se han desarrollado ediciones cómicas que tienen vocación por hacer reír en el que el sistema público es el telediario, y los periodistas son los personajes más payasos de la sociedad. Es el caso en Francia, de España y de muchos países donde sistemas de marionetas o de animación sofisticados presentan precisamente el marco de la información como lo más caricatural del funcionamiento de las sociedades contemporáneas.

En nuestras sociedades democráticas, donde hay una pluralidad de medios, una sobreabundancia de medios, es donde más se manifiestan los rumores. Por ejemplo, del 11 de septiembre, existen decenas de miles de sitios en Internet donde se demuestra matemáticamente que ese atentado no ha tenido lugar. Sobre todo, el de Washington y donde se demuestra de que, exactamente, esto no fue así porque hay un complot detrás que dice que los responsables de Estados Unidos han organizado este atentado.

Estos ejemplos indican que en situación de democracia hoy significan que la información está funcionando como en una dictadura o como en sistemas de opresión. Hoy existe en nuestras sociedades, una sensibilidad muy particular hacia el funcionamiento mediático. Y hay una insatisfacción, justa o no justa, justificada o no, sobre el funcionamiento mediático.

El profesor Shmucler, acaba de dar un ejemplo sobre la cuestión de la inflación en Argentina, muy interesante, porque es una cifra que se calcula mediante mecanismos matemáticos. Sin embargo, nos explicaba que existe una desconfianza muy extendida hacia la verdad de esa cifra. Es otra demostración, que lo mismo ocurre aquí, sobre otros temas. Lo que dice la autoridad política o mediática no es automáticamente creído. Estamos, por consiguiente, en un sistema de desconfianza generalizada, de crisis de credibilidad, y tenemos cada vez más conciencia de que nos encontramos en una situación a la que yo califico de inseguridad informacional.

Existen otras inseguridades, en términos de trabajo, de salud, de seguridad estricta frente a la violencia pero también en una sociedad de inseguridad informacional. Si recibo una información hoy, no estoy seguro que sea buena y el cuerpo social está desarrollando una serie de mecanismos de alerta que hace que frente a algunas informaciones la postura más higiénica, más sana, consiste en desconfiar primero y creer después. Así, hasta hemos visto situaciones que parecían sólidas, que podríamos calificar de insurrecciones mediáticas.

Insurrección mediática

Hemos visto sociedades sublevarse utilizando los mecanismos mediáticos individuales de los que cada uno de nosotros dispone hoy: los teléfonos celulares y ordenadores para difundir masivamente de individuo a individuo y no de un punto a la masa de ir transmitiendo como un virus una contrainformación frente a la información oficial y fue lo que pasó en España con el atentado en Madrid y que las autoridades oficiales trataron de presentar a un culpable oficial y el cuerpo social no lo aceptó.

Desde otro punto de vista, lo que pasó el año pasado en Hungría. En una conversación que parecía no tener gran importancia el jefe de gobierno admitió que le había mentido a la sociedad para ganar las elecciones, y se sublevó la población de Budapest durante varios días y semanas. También es una insurrección mediática.

La idea es de que todo el cuerpo social, la sociedad, los ciudadanos primero desconfían de los medios y segundo están dispuestos a movilizarse si constatan que les engañan.

Entonces, esta cuestión de los medios se ha transformado hoy, en muchos países, en el principal problema de la democracia. Evidentemente, hay una especie de paradójico fracaso de los medios. Por una parte, triunfan porque nunca han tenido tal dispositivo tecnológico a su disposición. Pero, por otra parte, hay un fracaso fundamental en la medida que esa credibilidad no está funcionando.

La sociedad está convencida de que los medios, no sólo tratan de engañarlo por razones políticas etc. sino que esencialmente no están funcionado como un elemento masivo de educación cívica para construir sociedad; sino que funcionan según otros criterios. Y en sociedades como las nuestras, donde tantas instituciones que se mantenían como pilares (familia, iglesia, educación, servicio militar) se han derrumbado; en algunos sectores donde las sociedades están en busca de su identidad contemporánea, existe la idea de que los medios constituyen la argamasa que va a constituir cuerpo social. Y los medios no lo están asumiendo.

Desde ese punto de vista, hay como una gran decepción frente a esa responsabilidad no asumida por los medios. Por otra parte, existe la sospecha de que si no funcionan como elemento masivo de educación cívica en realidad están funcionando sencillamente como una mercancía.

Ciudadanos en venta

La información está circulando como una mercancía, no según las leyes de la información, sino según las leyes de la oferta y la demanda y para mejor funcionar están cambiando su naturaleza y se están adaptando para venderse mejor, se adaptan a las leyes retóricas, no de la información, sino las dominantes de la esfera de la cultura de masas.

Es decir: efectos de emisión, simplicidad, espectacularidad, maniqueísmo, velocidad, urgencia como decía Shmucler, instantaneidad que es el régimen de la velocidad natural, normal, en tiempo real, que ha suprimido el espacio, que hace que efectivamente para las comunicaciones de hoy el espacio no exista. Tuve la sorpresa el otro día cuando dí la conferencia de prensa aquí que ya estaba en YouTube y alguien ya me la había enviado.

Esa idea del tiempo real ha destruido el periodo necesario para la elaboración de la noticia y, por consiguiente, ha creado toda una urgencia en su elaboración que, en la mayoría de los casos, se resume en transmitir (mecanismo propiamente técnico) y no a seguir una cultura periodística en la manera de elaborar la información.

Por otra parte, los propios mecanismos comerciales de la información hoy día están perturbados con la aparición de los “gratuitos”. La gratuidad es la cultura de Internet, pero el NYT ya ni siquiera pide a cambio una pequeña suma de dinero para poner a disposición de los usuarios todos los archivos históricos y editoriales. La consulta es gratuita.

¿Por qué? Porque el mecanismo económico de la información es otro. Hasta ahora podríamos pensar que el mecanismo económico de la información consiste en vender información a los ciudadanos. Pero, cada vez más -como la decisión que acaba de tomar el NYT-, el negocio consiste en vender ciudadanos a los anunciantes. Nosotros somos vendidos. Lo que quiere el NYT, los periódicos gratuitos y la televisión es que seamos numerosos.

Cuanto más seamos, más caros van a vender los segundos la publicidad y la información es gratuita. Estos cambios, esta necesidad de que la información sea la más sencilla posible, para que el número de consumidores sea el más amplio posible, sin que haya un obstáculo para este consumo, estaba modificando el funcionamiento estructural de la información. Entonces, un parámetro como el de la verdad -eminentemente subjetivo, en función del punto de vista que se adopta-, tiene cada vez menos pertinencia y no se considera demasiado importante que la información que se difunde refleje realmente lo que ha ocurrido.

Medios y poderes

¿Por qué? Precisamente, porque por una parte se han dispuesto las leyes del entretenimiento y por otra parte, las leyes de la oferta y la demanda. Esta nueva situación del funcionamiento mediático en general arruina el concepto del Cuarto Poder. Pienso que hoy, ya lo expresé en otros trabajos, globalmente no se puede decir que los medios constituyan el cuarto poder.

A menos que no sepamos cuál es el origen de esta expresión. Les recuerdo que la idea de que la democracia o la república para ser tales debían descansar sobre tres poderes, es una idea de la ilustración francesa, precisamente de Montesquieu quien desarrolla estas ideas en el libro “El espíritu de las leyes”. Desarrolla la idea para que una sociedad funcione de manera armoniosa, sin ninguna autoridad superior, sino para que se autogobierne, tiene que haber tres poderes.

Un poder que representa a la sociedad y que elabora las leyes que luego van a articular y organizar la sociedad, que es el poder legislativo. Por consiguiente, el poder legislativo era como una maqueta, un modelo reducido de la sociedad donde están representados un conjunto los ciudadanos; un poder ejecutivo que tiene la función de hacer cumplir las leyes y el poder judicial que por definición debe permanecer aislado de los otros dos poderes porque debe hacerse sin ningún tipo de presiones: políticas, religiosas, militares etc.

Estos tres poderes son los que efectivamente las primeras sociedades democráticas van a desarrollar como principios, antes de que existieran las comunicaciones de masa propiamente dichas, que solo existen cuando las técnicas de reproducción masiva lo permiten. Se inventa la rotativa, la linotipia, que permiten editar centenares de miles de periódicos en una noche y también cuando las sociedades están alfabetizadas para poder leer ese medio colectivo.

Cuando empieza a haber medios de masa en la democracias, antes de la Primera Guerra Mundial, se contaban con los dedos de la mano. Cuando comienzan a desarrollarse los medios masivos de comunicación, en una sociedad alfabetizada y democrática, aparece un concepto y un actor colectivo que es la opinión pública. Con esta idea hay un debate sobre el tema. Nuestro amigo Pierre Bordieu decía que no existía y que era un invento de los sociólogos norteamericanos, porque era el reflejo de los medios masivos.

Si no hay MCM, no hay opinión pública. Retomando el ejemplo anterior del profesor Shmucler sobre la inflación, cuando decía que hay informaciones que uno puede verificar. Sobre eso, no necesito que los medios digan algo. Y si dicen algo en lo que no creo, dudo. En cambio, cuando los medios afirman algo de un territorio muy alejado de mí, del que no tengo por definición una experiencia concreta en mi vida material, cuanto más alejado esté de ese escenario de la información más dependo de los medios.

Por ejemplo, lo que ocurre en Irak, Afganistán, en Teherán, no tenemos experiencia de lo que pasa. Es virtual, es mediática. Creo o no creo, dudo o creo en parte lo que dicen los medios; pero es función de los medios. Por consiguiente, la opinión pública, si hoy se hace un sondeo sobre qué piensan los argentinos de Irak, en general la encuesta va a revelar lo que los medios dicen.

Entonces, el concepto de opinión pública va a permitir relativizar la legalidad de los tres poderes en la democracia. Porque la cuestión es la siguiente. Si, democráticamente en una democracia se toma una decisión de hacer una ley ¿qué es lo que moral o éticamente puede condenar esa ley? Si es democrática, se ha votado, es representativa, no ha habido fraude, la ley es legal y se impone. Pero a pesar de todo esto, una ley puede ser criminal.

Por ejemplo, en EE.UU., la primera democracia moderna, durante casi un siglo hubo leyes votadas democráticamente que autorizaban la esclavitud. Autorizaban la compra y la venta de seres humanos, conviertiéndolos en pura mercancía. O la discriminación racial, que era legal en muchos Estados hasta los años 50. En un país democrático como Francia o en Inglaterra con constitución democrática, democráticamente votaron leyes que autorizaron la colonización, es decir, la invasión, la conquista militar, la destrucción de culturas, la explotación de riquezas, de personas, democráticamente votadas.

En Francia, también la justicia ha podido condenar a un inocente como fue el caso del capitán Dreyfus que se le condena por traición pero en realidad se lo hace por antisemitismo. Los jueces se comportan como antisemitas para impedir que un judío ingrese al ejército y el pretexto es que ha traicionado al país frente a Alemania. Pero, precisamente, frente a estas leyes democráticas pero inicuas, criminales, va a surgir la utilización de la Opinión Pública. Ese sentimiento, esta utilización cívica de la prensa, y por ejemplo en el caso Dreyfus, surge la expresión Cuarto Poder que aparece en Francia y que utiliza frecuentemente la sociología norteamericana.

Por la movilización de una serie de personalidades conocidas por su reputación artística como Émile Zola que se va a movilizar a favor de Dreyfus y va a exigir que se revise el proceso. Surgen a la vez, el cuarto poder y el concepto de intelectual, movilizado, comprometido con una causa del pueblo.

Aparece entonces la idea de que una democracia por muy legal que sea, es incompleta si a los tres poderes no se le añade un cuarto poder, que es el de la sociedad, el de la opinión pública aliada a los medios de comunicación masiva para corregir los disfuncionamientos de los tres poderes.

Hablo de la democracia, es decir, que es un poder en manos de los ciudadanos y un poder que tiene en definitiva como objetivo el permitir, vigilar, corregir y garantizar el buen funcionamiento democrático y así se inventa la opinión pública que pasa a ser un elemento del pueblo democrático. Mi idea es que esa función de cuarto poder de los medios, no está funcionando.

Globalización

Esencialmente, porque estamos en un periodo que se llama globalización y que ha modificado todos los parámetros de funcionamiento económico y cultural de nuestra sociedad. La globalización es el fenómeno dominante de nuestro tiempo, es una evidencia repetirlo, pero es importante recordar que la palabra globalización equivoca porque quiere decir que se extiende al globo.

Por ejemplo, la patata de Perú se extendió al mundo y podríamos hablar de la globalización de la patata. Pero no es ese el significado. La globalización es un fenómeno específico de nuestro tiempo y al que además no podría existir, sin los cambios que se han producido en el campo de la comunicación. ¿Qué es la globalización? Es, esencialmente, la idea de que los capitales pueden circular en el planeta sin traba.

Lo único que en este planeta puede circular sin trabas, aparte de los vientos y son detenidos por la cordillera, es el dinero. Lo que más se compra y se vende en el mundo hoy es el dinero. No es el petróleo, la soja o el trigo y los alimentos. Lo que más se compra y se vende es el dinero. Se compran y venden euros, dólares, y toda clase de moneda y se llama el mercado de divisas el mercado de cambios.

Y el hecho de que el dinero circule hace que si usted es un capitalista y tiene centenares de millones de dólares tiene dos posibilidades: o crea una fábrica con trabajadores que fabrican productos y los venden en los mercados todo eso es muy complicado y le va a procurar un beneficio de entre un 4% o 5%, y eso en el mejor de los casos. Ahora si usted coloca ese dinero en el mercado financiero actualmente usted está seguro de obtener un crecimiento término medio de 20 a 25%.

Entonces, en el mejor de los casos, aquellas personas que quieren colocar dinero en una empresa van a exigir que esa empresa les produzca un beneficio de 15% para que esa brecha produzca esa cifra. Tiene que deslocalizarse e instalarse en países subdesarrollados donde la mano de obra es muy barata, sobreexplotada, no hay derechos sociales o se destruyen etc.

La liberalización de los capitales ha creado toda una situación que ha desencadenado la guerra principal de nuestro tiempo y es la guerra del mercado contra el Estado, del individuo contra el colectivo, la sociedad, de lo privado contra lo público. Y si el mercado de cambio se ha liberalizado es porque se ha desmaterializado. Si usted quiere comprar millones de euros no hace falta que lleve maletas.

El sistema utiliza las autopistas de la comunicación. Si no hubiese habido esta transformación tecnológica que signifique la revolución digital no estaríamos en un sistema que cada día, cada segundo, 24 horas, los 365 días al año está especulando con la moneda. ¿Para qué sirven las autopistas de la comunicación? No se han creado para que nosotros mandemos mensajes a nuestros amigos con mucho placer, se han creado para que transformen órdenes de compra y venta de valores financieros.

Por eso la globalización es ante todo un mecanismo financiero más que económico. Porque la economía supone la creación de productos, salarios y de sociedad. Y esto también es una empresa de tipo financiero. Entonces, esta lógica hace que en el mundo de la globalización, los actores principales están desmaterializados, no tienen territorios. Lo que tienen es la explotación de riquezas, mientras que los Estados son prisioneros aún de sus territorios. Y esta idea ha hecho que los actores principales de la globalización sean las grandes empresas.

Pero la revolución digital ha permitido que en el campo de la comunicación lo que antes era este sistema especializado en lo escrito, la imagen, el sonido, hoy día la tecnología es la misma para todo y ha creado un continente nuevo que es Internet. Hoy día las máquinas de comunicar especializadas, un poco lo decía Darwin de los animales demasiado especializados, están en vías de extinción. Porque todas las máquinas de comunicar actuales integran texto, imagen y sonido como los teléfonos.

Los ordenadores permiten todo: ver cine, escuchar música, ver fotografías, escribir. Todo. Este tipo de cambio hizo que las industrias que estaban especializadas en cada sector se unificaran. Por eso hemos visto aparecer, a lo largo de estos últimos 20 años, megarubros que no solo acumulan actividades de la comunicación y la información, unificando las tres esferas de la información, (comunicación, publicidad y de la cultura de masas), sino además integrando Internet. Y estos actores son los que dominan hoy económicamente la información.

Y claro, estos actores no tienen hoy una preocupación cívica. La preocupación de ellos, no es de construir sociedad. La preocupación esencial de estas empresas -y no hablo por el momento de ideología, estoy describiendo el mecanismo de formación de estos mastodontes de la comunicación que está dominado por sectores que no tienen que ver con la comunicación en el sentido de intercambio de mensajes- es la rentabilidad.

Por ejemplo, las empresas telefónicas, las informáticas, son actores de la comunicación. Pero también grandes empresas que no tienen nada que ver a priori directa o indirectamente con la comunicación. Por ejemplo, cuando Vivendi era el grupo número uno de la comunicación mundial distribuía agua en los edificios y casas de departamentos.

La idea es la siguiente. Con la revolución digital, usted tiene una estructura de empresa que le permite elaborar un fluido, enviarlo por unos tubos, medir el consumo en cada punto de consumo (casa o departamento). Si usted posee esa estructura, si junta agua, electricidad o TV por cable o cualquiera actividad de la comunicación, es exactamente lo mismo.

Entonces, esta nueva esfera que se ha creado con estos nuevos grupos, son los que hoy día están dominando la comunicación. En estos momentos estamos viendo la inmensa batalla que hay en el mundo por el control de la información económica (Reuters, Wall Street Journal). Es decir, los medios tienen ahora una postura de la rentabilidad, igual que los demás actores de la globalización.

Los medios, aparato ideológico

En este contexto, los medios no aspiran hoy a ser el cuarto poder. No es su preocupación. Pero, curiosamente, al transformarse en actores principales de la dinámica principal de nuestro tiempo, los grandes megagrupos son -como las grandes empresas-, actores principales de la dinámica dominante de nuestra sociedad. En realidad, quieren más. No se contentan con ser el cuarto poder, ahora lo que quieren es transformarse sencillamente en el aparato ideológico de la globalización.

De hecho, son el aparato ideológico de la globalización igual que cuando los conquistadores llegaron aquí tenían el aparato ideológico de la Iglesia, como apoyo a la conquista. Hoy día, a la penetración de la globalización, le acompaña el aparato ideológico de la globalización, es decir el sistema mediático, que efectivamente instala la idea de una manera extremadamente compleja, acompaña esa relación de que la globalización es lo mejor que nos podría ocurrir.

Establece de manera muy inconciente y permanente una idea muy difícil de combatir: que la globalización es sinónimo de modernización, de progreso. Es muy difícil estar en contra de esto cuando en realidad la globalización, para miles de millones de personas, es regresión. Y el aparato ideológico está repitiendo esta idea. Hoy día, el aparato mediático no quiere ser el cuarto poder. Pero de hecho es el segundo poder. Porque la jerarquía de poderes, se ha movido con la globalización. El primer poder es el financiero, el segundo es el mediático y el tercero es el político.

Todos tenemos en mente el modelo (Silvio) Berlusconi, que se transforma en la primera fortuna gracias a la construcción de edificios y en la primera fortuna de Italia, cuando adquiere el primer grupo mediático de Italia. Estos dos poderes, automáticamente y democráticamente, le van a dar el poder político. Por consiguiente, hoy está la idea de que esa pareja infernal entre el poder financiero y mediático no admite cualquier resistencia. La resistencia tiene un nombre: la voluntad política. Todo sistema que opone voluntad política, a la voluntad de dominar el mundo, inmediatamente, se ve sancionada.

Miren lo que está ocurriendo en América Latina. Uno de los pocos ejemplos en el mundo, donde una serie de gobiernos han combatido la globalización, las sociedades han vivido a sus expensas, la aplicación de medidas neoliberales extremadamente depredadoras, se ponen en práctica una serie de decisiones que vuelven aponer en primera línea la voluntad política, de crear la iniciativa a lo político, frente a lo económico y mediático.

Es lo que ocurre en Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, y miren con qué violencia el aparato mediático está tratando de desacreditar esas experiencias con la temática de que son experiencias no democráticas cuando no lo son, o de regresión, cuando son de progreso evidente.

Golpes mediáticos

El caso de Venezuela ha sido ejemplar. Cuando la guerra mediática, los medios se encontraban en primera línea cuando había sido derrotada electoralmente la oposición política. Y los medios, asumieron no sólo ser el segundo poder, sino la ambición de ser el primer poder conduciendo lo que podemos llamar el primer golpe mediático internacional.

Los medios aspiraron a tomar directamente el poder en 2002. Además, quieren ser el único poder, sin contrapoder. Nosotros, que hemos estudiado y trabajado con Michel Foucault, sabemos que cualquier poder tiene un contrapoder. El poder político, tiene una oposición -estamos hablando en países democráticos- , el poder empresarial tiene un contrapoder que son los sindicatos. Pero el poder mediático no admite contrapoder, porque cualquier crítica con respecto al funcionamiento mediático, es inmediatamente acusada de atentado contra la libertad de expresión; y trata de desacreditar cualquier reflexión que ponga en expresión, que ponga en causa el funcionamiento mediático. Las campañas que se llevan a cabo contra Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador las tenemos ante los ojos.

Para terminar, he lanzado esta idea de crear un Quinto poder que tenga la función del cuarto. Creo que hay una serie de iniciativas, aprovechando esta sensibilidad particular de nuestras sociedades, frente a los abusos, los desvaríos, los disfuncionamientos mediáticos. Creo que hay que dinamizar, lanzar la idea de los observatorios de medios, no solo para producir informes, sino también para movilizar.

Quinto poder

Creo que hay que ser, a la vez, académicos apoyándonos en el saber universitario. Pero, el saber universitario no debe mantenerse en el seno universitario. Debe salir de la universidad. La sociedad en su conjunto necesita del saber que se ha elaborado en las facultades de ciencias de la comunicación para armar a los ciudadanos que sienten que algo no funciona y no saben exactamente qué.

Y hoy, precisamente, hay una misión en el sentido misionero de la palabra, de ir a la sociedad para movilizarla. No solo hay que hacer estudios, sino ser un agitador mediático, un agitador político. Hay que hacerlo. A partir y con el arma de los observatorios, hay que pasar a la denuncia de los medios que mienten y a la protesta popular.

Estamos en una batalla ideológica. Hay que apoyar la creación de servicios públicos. Hemos visto la batalla a propósito de Venezuela con RCTV, la voluntad del Estado de equilibrar el sistema mediático, mediante el desarrollo de servicios públicos como Telesur. También en otros países como Encuentro en Argentina, y otros en Brasil.

Todos estos procesos de transformación económica están teniendo una traducción mediática, porque es una batalla decisiva. Hay que desarrollar la comunicación comunitaria, hay que crear una nueva generación de periodistas –no estar condenados a hacer lo mismo que sus predecesores- porque el mundo mediático está viviendo una revolución radical y esa nueva generación debe utilizar Internet con sentido de la creatividad, con sentido de la imaginación para inventar el periodismo de nuestro tiempo. Una información mejor es posible y entre todos lo vamos a lograr”.


Consentimiento sin consentimiento: la uniformidad de la Opinión Pública

Marzo 15, 2008

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Por Noam Chomsky

Una sociedad democrática decente debe basarse en el principío del «consentimiento de los gobernados». Esta idea ha ganado general aceptación, pero es cuestionada al mismo tiempo por ser demasiado fuerte y demasiado débil. Demasiado fuerte, porque sugiere que la gente debe ser gobernada y controlada. Demasiado débil, porque incluso los gobernantes más brutales necesitan en alguna medida el «consentimiento de los gobernados», y por regla general lo consiguen, no sólo mediante la fuerza.

Me intereso aquí por cómo se han afrontado estas cuestiones en las sociedades más libres y democráticas. A lo largo de los años, las fuerzas populares buscan ganar una mayor participación en la gestión de sus asuntos, con algunos éxitos junto con muchos fracasos. Mientras tanto se ha ido desarrollando un instructivo corpus de pensamiento que justifica la resistencia de las elites a la democracia. Quienes esperan entender el pasado y conformar el futuro harían bien en prestar cuidadosa atención no sólo a la práctica sino al entramado doctrinal en que se sustenta.

Estos temas fueron abordados hace doscientos cincuenta años por David Hume en una obra clásica. A Hume le intrigaba «la facilidad con que son gobernados muchos por pocos, la implícita sumisión con que los hombres entregan» su sino a quienes los gobiernan. Encontraba esto sorprendente, porque «la t’uerza siempre está del lado de los gobernados». Si la gente se diera cuenta de esto, se sublevaría y derrocaría a los señores. Llegó a la conclusión de que el gobierno se basa en el control de la opinión pública, un principio que «abarca a los gobiernos más despóticos y más militaristas igual que a los más libres y más populares».

Seguramente Hume subestimaba la eficacia de la fuerza bruta. Una versión más precisa de lo mismo sería que cuanto más «libre y popular» es un gobierno, más necesita apoyarse en el control de la opinión para asegurar la sumisión los gobernantes.

Que el pueblo debe someterse se da por supuesto en la inmensa mayor parte del espectro. En una democracia, los gobernados tienen derecho a dar su consentimiento, pero a nada más. En terminología del moderno pensamiento progresista, la población debe ser «espectadora» pero no «participante», fuera de ocasionales opciones entre los líderes que representan el auténtico poder. Ese es el terreno de la política. La población en general debe quedar excluida por completo del terreno económico, donde se determina buena parte de lo que ocurre en la sociedad. Ahí el pueblo no tiene que desempeñar ningún papel, según la teoría democrática prevaleciente.

Estos supuestos han sido discutidos a todo lo largo de la historia, pero el tema ha ganado una fuerza especial desde el moderno resurgimiento de la democracia iniciado en la Inglaterra del siglo XVII. El torbellino de la época suele describirse como un conflicto entre el rey y el Parlamento, pero, como muchas veces sucede, buena parte de la población no deseaba ser gobernada por ninguno de los que se disputaban el poder, sino «por paisanos como nosotros que conocen nuestras necesidades», tal exponen sus panfletos, no por «nobles y caballeros» que no «conocen los sufrimientos del pueblo» y que no harán «sino oprimirnos».

Estas ideas afligieron muchísimo a «los hombres de la mejor calidad», como se calificaron a sí mismos: los «hombres responsables», en terminología moderna. Estaban dispuestos a conceder derechos al pueblo, pero dentro de unos límites y según el principio de que por «el pueblo» no entendemos la plebe atolondrada e ignorante. Pero ¿cómo puede reconciliarse este principio de la vida social con la doctrina del «consentimiento a ser gobernados», que no era tan fácil de suprimir por entonces? Una solución al problema la propuso un contemporáneo de Hume, el distinguido filósofo moral Frances Hutcheson. Argumentó que el principio del «consentimiento a ser gobernados» no se quebranta cuando los gobernantes imponen planes que son rechazados por el pueblo, si posteriormente las masas «estúpidas» y «predispuestas» «asienten con entusiasmo» a lo que se ha hecho en su nombre. Podemos adoptar el principio de «consentimiento sin consentimiento», término que utilizó más tarde el sociólogo Franklin Henry Giddings.

Hutcheson se ocupó del control de la plebe dentro del país; Giddings, del fortalecimiento del orden en el exterior. Éste escribía sobre las Filipinas, que el ejército de Estados Unidos estaba liberando en aquellos momentos, mientras también se liberaban varios centenares de millares de almas de las tristezas de la vida; o bien, en palabras de la prensa, «haciendo matanzas de nativos al estilo inglés», de modo que «las descarriadas criaturas» que se nos resisten acabarán «respetando nuestras armas» y más tarde llegarán a reconocer que nosotros les deseamos «libertad» y «felicidad». Para explicar todo esto con las adecuadas maneras civilizadas, Giddings ideó el concepto de «consentimiento sin consentimiento». «Si en los años posteriores, [el pueblo conquistado] entiende y admite que el contencioso tenía un interés superior, es razonable sostener que la autoridad se ha impuesto con el consentimiento de los gobernados», como cuando un padre impide que un niño eche a correr entre la circulación callejera.

Estas explicaciones captan el verdadero significado de la doctrina del «consentimiento de los gobernados». El pueblo debe someterse a sus gobernantes y basta con que dé un consentimiento sin consentimiento. Puede utilizarse la fuerza dentro de los estados tiránicos y en los dominios en el extranjero. Cuando el recurso a la violencia está limitado, el consentimiento de los gobernados debe conseguirse mediante estratagemas que la opinión liberal y progresista denomina «manufactura del consentimiento».

La enorme industria de las relaciones públicas, desde sus inicias a comienzos de nuestro siglo, se ha dedicado al «control de la opinión pública», tal como describen la tarea las grandes figuras del ramo. Y actúan de acuerdo con sus palabras, lo cual es seguramente uno de los temas capitales de la historia moderna. El hecho de que la industria de las relaciones públicas tenga sus raíces y sus principales centros en el país «más libre» corresponde exactamente a lo que nos cabía esperar, contando con una adecuada comprensión de la máxima de Hume.

Pocos años después de que escribieran Hume y Hutcheson, los problemas que causaba la plebe en Inglaterra se extendieron a las colonias en rebeldía de América. Los padres fundadores repitieron casi con las mismas palabras los sentimientos de los «hombres de la mejor calidad» británicos. Como dijo uno de ellos: «Cuando hablo del pueblo, sólo estoy pensando en la parte racional. Los ignorantes y vulgares no valen para juzgar los métodos [de gobierno], dado que son incapaces de manejar las riendas [del gobierno]». El pueblo es una «gran bestia» que ha de domarse, declaró su colega Alexander Hamilton. Hubo que enseñar a los campesinos rebeldes e independientes, en ocasiones por la fuerza, que los ideales de los panfletos revolucionarios no había que tomárselos demasiado en serio. La gente del común no iba a estar representada por campesinos como ellos que conocían los sufrímientas del pueblo, sino por personas bien nacidas, comerciantes, ahogados y demás «hombres responsables» en los que podía cont’iarse para que defendieran los privilegios.

La doctrina imperante fue muy claramente expuesta por el presidente del Congreso Continental y primer magistrado del Tribunal Supremo, John Jay: «Las personas que son dueñas del país deben gobernarlo». Queda por resolver un punto: ¿quién es el dueño del país? La pregunta quedó contestada con el desarrollo de las empresas privadas, en forma de sociedades anónimas, y de las estructuras previstas para protegerlas y apoyarlas, aunque sigue siendo un tarea difícil obligar al pueblo a mantenerse en el papel de espectador.

Casi seguro que Estados Unidos es el caso de estudio más importante si pretendemos comprender el mundo actual y el de mañana. Una razón es su incomparable poder. Otra, sus estables instituciones democráticas. Además, Estados Unidos estuvo más cerca que nadie de ser una tabula rasa. América puede ser «tan feliz como quiera», comentaba Thomas Paine en 1776: «Tiene una hoja en blanco en la que escribir». Las sociedades indígenas f ueron en buena medida eliminadas. Estados Unidos tampoco contiene demasiados residuos de estructuras europeas anteriores, una de las razones de la relativa debilidad del contrato social y de los sistemas de adhesión, que a menudo tienen sus raíces en instituciones precapitalistas. Y, en unas proporciones no usuales, el orden sociopolítico se proyectó de forma voluntaria. No es posible hacer experimentos al estudiar la historia, pero Estados Unidos es el país que más cerca está de ser el «caso ideal» de democracia capitalista de estado.

Además, el principal proyectista fue un astuto pensador político: James Madison, cuyas opiniones prevalecieron en gran medida. En los debates sobre la Constitución, Madison señaló que si las elecciones inglesas «estuvieran abiertas a todas las clases del pueblo, quedaría insegura la propiedad de los propietarios de tierras. Pronto habría una ley agraria», la cual daría tierra a los sin tierra. El sistema constitucional debía pensarse de forma que impidiera estas injusticias y «asegurara los intereses permanentes del país», como son los derechos de propiedad.

Entre los estudiosos de Madison hay acuerdo en que «la Constitución fue intrínsecamente un documento aristocrático pensado para refrenar las tendencias democráticas de la época», que entregaba el poder a los «buenos» y excluía a quienes no fueran ricos, bien nacidos ni prominentes por haber ejercido el poder político (Lance Banning). La primera responsabilidad del gobierno es «proteger la minoría de los opulentos frente a la mayoría», afirmó Madison. Este ha sido el principio que ha guiado al sistema democrático desde sus orígenes hasta hoy.

En las discusiones públicas, Madison hablaba de los derechos de las minorías en general, pero está bastante claro que estaba pensando en una determinada minoría: «la minoría de los opulentos». La teoría política moderna subraya la creencia de Madison en que, «en un gobierno justo y libre, deben protegerse de forma eficaz tanto los derechos de la propiedad como los de las personas». Pero también en este caso es útil examinar la doctrina con mayor detenimiento. No existen derechos de la propiedad, sólo derechos a la propiedad: es decir, derechos de las personas con propiedad. Tal vez yo tenga derecho a mi coche, pero mi coche no tiene ninguna clase de derechos. El derecho a la propiedad difiere también de otros en que la posesión que tiene una persona de la propiedad priva a otros del mismo derecho: si yo soy dueño de mi coche, usted no puede serlo; pero en una socieciad justa y libre mi libertad de expresión no limita la suya. El principio de Madison es, pues, que el gobierno debe proteger los derechos de las personas en general, pero debe garantizar de manera especial y adicional los derechos de una clase de personas, las que tienen propiedades.

Madison previó que la democracia estaría probablemente más amenazada conforme pasara el tiempo, debido al aumento de «la proporción de los que serán víctimas de todas las penalidades de la vida y, en secreto, suspirarán por un reparto más equitaitivo de sus bendiciones». Era posible que ganasen influencia, temía Madison. Le preocupaban los «síntomas de un espíritu nivelador» que ya habían aparecido y advirtió sobre «el futuro peligro» si el derecho al voto ponía «poder sobre la propiedad en manos de quienes no la compartían». No cabe esperar que aquellos «sin propiedad, o sin esperanzas de adquirirla, simpaticen lo bastante con este derecho», explicaba Madison. Su solución era mantener el poder político en manos de quienes «representan y provienen de la riqueza de la nación», «el conjunto de hombres más capaces», manteniendo a la población en general fragmentada y desorganizada.

El problema del «espíritu nivelador» también surgió en el extranjero, por supuesto. Se aprende mucho sobre la «teoría democrática que realmente existe» viendo cómo se percibe este problema, especialmente en los documentos secretos para uso interno, donde los dirigentes pueden ser más sinceros y llanos.

Tómese el importante ejemplo de Brasil, el «coloso del sur». En una visita realizada en 1960, el presidente Eisenhower aseguró a los brasileños que «nuestro sistema de empresa privada con conciencia social beneficia a todo el mundo, lo mismo propietarios que trabajadores … En libertad, el trabajador brasileño es una feliz demostración de las bienaventuranzas del sistema democrálico». El embajador agregó que la influencia norteamericana había derribado «el antiguo orden de América del Sur», introduciendo «ideas revolucionarias como la libre enseñanza obligatoria, la igualdad ante la ley, una sociedad relativamente sin clases, un sistema de gobierno responsable y democrático, la libre empresa competitiva [y] un fabuloso nivel de vida para las masas».

Pero los brasileños reaccionaron con aspereza a las buenas nuevas aportadas por sus tutores del norte. Las elites latinoamericanas son «como niños», informó el secretario de Estado John Foster Dulles al Consejo Nacional de Seguridad, «sin prácticamente ninguna capacidad de autogobierno». Lo que era aún peor, Estados Unidos se halla «irremediablemente muy por detrás de los soviélicos en cuanto a haber desarrollado controles sobre las mentes y las emociones de los pueblos sencillos». Dulles y Eisenhower manifestaron su preocupación por la «capacidad [de los comunistas] para hacerse con el control de los movimientos de masas», una capacidad que «nosotros no estamos en condiciones de igualar»: «Se dirigen a los pobres y éstos siempre han deseado expoliar a los ricos».

En otras palabras, nos resulta difícil inducir a la gente a aceptar nuestra doctrina de que los ricos deben expoliar a los pobres, un problema de relaciones públicas que todavía no se ha resuelto.

La administración Kennedy se enfrentó al problema cambiando la misión de los militares latinoamericanos, que era la «defensa del hemisferio» y pasó a ser «la seguridad interior», una decisión que tendría fatales consecuencias, empezando por el brutal y criminal golpe militar en Brasil. El ejército estaba considerado por Washington una «isla de salud mental» dentro de Brasil y el golpe fue bien acogido por Lincoln Gordon, el embajador de Kennedy, como «una rebelión democrática», en realidad «la victoria más decisiva de la libertad a mediados del siglo xx». Antiguo economista de la Universidad de Harvard, Gordon agregó que «la victoria de la libertad» – es decir, el derrocamiento violento de la democracia parlamentaria – debía «crear un clima mucho más apto para las inversiones privadas», aportando alguna adicional luz sobre el significado en la práctica de los términos libertad y democracia.

Dos años después el secretario de Defensa Robert McNamara informaba a sus socios de que «la política de Estados Unidos con los militares latinoamericanos había sido, en conjunto, eficaz para alcanzar los objetivos que se pretendían». Esta política había mejorado la «competencia en seguridád interior» y establecido el «predominio de la influencia estadounidense entre los militares». Los militares latinoamericanos entienden sus tareas y estan equipados para llevarlas a cabo gracias a los programas de Kennedy para ayuda e instrucción militar. Estas tareas incluyen el derrocamiento de gobiernos civiles «siempre que, a juicio de los militares, la conducta de los líderes sea perjudicial para el bienestar de la nación». Estas acciones de los militares son necesarias «en el medio cultural de América Latina», explicaron los intelectuales kennedistas. Y podemos confiar en que las llevarán a cabo como es debido, ahora que los militares han ganado «comprensión e inclinación a favor de los objetivos estadounidenses». Esto asegura un desenlace correcto de la «lucha revolucionaria por el poder entre los grandes agrupamientos que constituyen la actual estructura de clases» en América Latina, desenlace que protegerá el comercio y «la inversión privada de Estados Unidos», la «raíz económica» que está en el corazón de los «intereses políticos estadounidenses en América Latina».

Son clocumentos secretos, en este caso del liberalismo kennediano. El discurso público es, naturalmente, muy distinto. Si nos atenemos a éste, entenderemos poco sobre el verdadero significado de la «democracia» y sobre el orden global de los últimos años; ni tampoco del futuro, puesto que las riendas siguen en las mismas manos. Los estudios más serios exponen con claridad los hechos fundamentales. La Agencia Nacional de Seguridad, creada y respaldada por Estados Unidos, es investigada en un importante libro de Lars Schoultz, uno de los principales estudiosos de América Latina. Su objeto, en palabras de este autor, era «destruir para siempre la amenaza detectada contra la existente estructura de privilegios socioeconómicos mediante la eliminación de la participación de la mayoría numérica», la «gran bestia» de Hamilton. El objetivo es básicamente el mismo que en la sociedad norteamericana, aunque los medios sean distintos.

La pauta persiste en la actualidad. El campeón de los violadores de los derechos humanos en el hemisferio es Colombia, a su vez el principal recipiendario de ayuda e instrucción militar norteamericana en los últimos años. El pretexto es «la guerra contra el narcotráfico», pero esto es «un mito», como explican sin excepción los principales grupos que defienden los derechos humanos, la iglesia y otros investigadores de la escandalosa marca de atrocidades y de los estrechos vínculos entre narcotraficantes, terratenientes, el ejército y sus socios paramilitares. El terror estatal ha devastado las organizaciones populares y prácticamente destruido el único partido político independiente mediante el asesinato de miles de activistas, entre ellos candidatos a la presidencia, alcaldes y demás. No obstante, Colombia es ensalzada como democracia estable, lo que de nuevo pone de manifiesto qué se entiende por «democracia».

Un ejemplo especialmente instructivo es la reacción a la primera experiencia democrática en Guatemala. En este caso, los documentos secretos son en parte accesibles, de modo que sabemos bastante sobre los criterios que guiaban la política. En 1952 la CIA advirtió de que las «medidas políticas radicales y nacionalistas» del gobierno habían ganado «el apoyo o la aquiescencia de casi todos los guatemaltecos». El gobierno estaba «movilizando al campesinado hasta entonces políticamente inerte» y creando «un apoyo de masas para el actual régimen» mediante organizaciones de trabajadores, la reforma agraria y otras medidas «identificadas con la revolución de 1944», que había promovido «un fuerte movimiento nacional para liberar Guatemala de la dictadura castrense, del atraso social y del “colonialismo económico”, que habían sido la norma en el pasado». Las medidas políticas del gobierno democrático «correspondían a los intereses de la mayor parte de los guatemaltecos conscientes e inspiraban su lealtad». La inteligencia del Departamento de Estado informaba de que la dirección democrática «insistía en mantener un sistema político abierto», lo que permitía que los comunistas «ampliaran sus actividades y apelaran con efectividad a diversos sectores de la población». Estas deficiencias de la democracia fueron restalladas con el golpe militar de 1954 y el subsiguiente reinado del terror, siempre con el apoyo a gran escala de Estados Unidos.

El problema de asegurar el «consentimiento» también se planteó en las instituciones internacionales. Al principio, Naciones Unidas fue un instrumento de confianza para la política estadounidense y mereció grandes elogios. Pero la descolonización trajo lo que iba a llamarse la «tiranía de la mayoría». A partir de la década de 1960 Washington pasó a ser quien más vetaba las resoluciones del Consejo de Seguridad (con Gran Bretaña en segundo puesto y Francia de tercero a distancia) y quien más veces volaba, solo o en compañía de algunos países clientes, contra las resol uciones de la Asamblea General. Naciones Unidas perdió el favor y empezaron a aparecer serios artículos que se interrogaban sobre por qué el mundo se estaba «oponiendo a Estados Unidos», que Estados Unidos pudiera estarse oponiendo al mundo se consideraba demasiado extravagante para tenerlo en cuenta. Las relaciones estadounidenses con el Tribunal Internacional de la Haya y con otras instituciones supranacionales han seguido una evolución similar, sobre lo cual volveremos.

Mis comentarios sobre las raíces madisonianas de las ideas que prevalecen sobre la democracia han sido injustos en un aspecto de importancia. Al igual que Adam Smith y otros fundadores del liberalismo clásico, Madison era precapitalista y, en espíritu, anticapitalista. Confiaba en que los gobernantes serían «iluminarlos hombres de estado» y «filósofos benevolentes», «cuya sabiduría sabría discernir lo mejor posible los verdaderos intereses de su país». Ellos «refinarían» y «ensancharían» las «actitudes púhlicas», protegiendo los verdaderos intereses del país contra los «desatinos» de las mayorías democráticas; pero con luces y benevolencia.

Pronto hubo de descubrir otras cosas Madison, conforme la «minoría de los opulentos» procedió a utilizar su recién hallado poder de manera muy parecida a como había predicho Adam Smith pocos años antes. Se esforzaron en seguir lo que Smith llamó la «infame máxima» de los señores: «Todo para nosotros y nada para los demás». En 1792 Madison advirtió que en el incipiente estado capitalista en formación se estaba «sustituyendo el motivo de servir al público por el de los intereses privados», lo que conducía a «un auténtico dominio de unos pocos bajo la aparente libertad de los más». Deploraba «la osada depravación de los tiempos» en que los poderes privados «se convertirán en la guardia pretoriana del gobierno, a la vez sus intrumentos y su tirano, sobornados por su liberalidad e intimidándolo con clamores y alianzas». Estos poderes proyectaron sobre la sociedad esa sombra que llamamos «la política», como posteriormente diría Dewey. Uno de los principales filósofos del siglo xx y figura sobresaliente del liberalismo en América del Norte, Dewey subrayó que la democracia tiene poco contenido cuando el gran capital gobierna la vida del país a través del control de «los medios de producción, comercio, publicidad, transporte y comunicaciones, reforzado por mandar en la prensa y en sus agencias, además de en otros medios de publicidad y propaganda». Sostuvo adicionalmente que, en una sociedad libre y democrática, los trabajadores deben ser «dueños de su propio destino laboral», no herramientas que alquilan los patronos, ideas que pueden rastrearse en el liberalismo clásico y en la ilustración, y que han reaparecido constantemente en las luchas populares lo mismo en Estados Unidos que en otros lugares.

Ha habido muchos cambios en los últimos doscientos años, pero las amonestaciones de Madison no se han vuelto sino más pertinentes, adoptando un nuevo significado desde la constitución de las grandes tiranías privadas a las que se concedieron extraordinarios poderes a principios de siglo, sobre todo a través de los tribunales. Las teorías inventadas para justificar estas entidades, o «personas jurídicas colectivas», como a veces las denominan los historiadores del derecho, se basan en ideas que también están en el fondo del fascismo y del bolchevismo: las entidades orgánicas tienen derechos por encima de los de las personas. Son objeto de la magna «generosidad» de los estados que en buena medida dominan, de los que siguen siendo a la vez «herramientas y tiranos», en expresión de Madison. Y han ganado un sustancial control sobre la economía nacional e internacional, así como sobre los sistemas de información y adoctrinamiento, lo que trae a la cabeza otra de las preocupaciones de Madison: que «un gobierno popular sin información popular, o sin los medios para conseguirla, no es más que el prólogo a una farsa o a una tragedia; o tal vez ambas cosas».

Detengámonos ahora en las doctrinas que se han elaborado para imponer las modernas formas de democracia política. Se exponen con bastante precisión en un importante manual de la industria de relaciones públicas, obra de una de sus figuras más descollantes, Edward Bernays. Arranca con la observación de que «la manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones establecidos de las masas es un componente importante ole la sociedad democrática». Para llevar adelante esta tarea esencial, «las minorías inteligentes deben utilizar la propaganda constante y sistemáticamente», porque sólo éstas «comprenden los procesos mentales y las pautas sociales de las masas» y pueblen «mover los hilos que controlan la opinión pública». Por lo tanto, nuestra «sociedad ha consentido en permitir que la libre competencia se organice mediante el liderazgo y la propaganda», otro caso de «consentimiento sin consentimiento». La propaganda procura al liderazgo un mecanismo «para moldear el pensamiento de las masas» de tal modo que «encaucen su recién ganada fuerza en la dirección deseada». El liderazgo puede «unitormar todas las parcelas de la opinión pública tanto como el ejército uniforma los cuerpos de los soldados». Este proceso de «ingeniería del consentimiento» es la mismísima «esencia del proceso democrático», escribió Bernays poco después de que la Asociación Americana de Psicología lo homenajeara en 1949.

La importancia de «controlar la opinión pública» se ha reconocido cada vez con mayor claridad a medida que las luchas populares lograban ampliar el terreno de juego democrático, dando lugar así a la aparición de lo que las elites liberales llaman «la crisis de la democracia», lo que ocurre cuando poblaciones normalmente pasivas y apáticas se organizan y buscan entrar en la arena política para perseguir sus intereses y reivindicaciones, con lo que amenazan la estabilidad del orden. Tal como explicaba Bernays el problema, «con el sufragio universal y la escolarización universal … al final incluso la burguesía ha tenido miedo de la gente del pueblo. Pues las masas se prometían llegar a ser el rey», tendencia que por fortuna se ha invertido – así se esperaba – conforme se han ido inventando y poniendo en práctica nuevos métodos «para modelar la mentalidad de las masas».

Buen liberal del New Deal, Bernays había cultivado sus habilidades en el Comité de Información Pública de Woodrow Wilson, la primera agencia estatal de propaganda que ha habido en Estados Unidos. «Fue el asombroso éxito de la propaganda durante la guerra lo que abrió los ojos de los contados inteligentes que hay en todos los sectores de la vida a las posibilidades de uniformar la opinión pública», explicaba Bernays en su manual de relaciones públicas, titulado Propaganda. Los contados inteligentes tal vez fueran conscientes de que su «asombroso éxito» se basaba, en no pequeña parte, en invenciones propagandísticas acerca de las atrocidades de los «hunos» que les suministraba el Ministerio de Información británico, que en secreto definía su actividad como la de «dirigir el pensamiento de la mayor parte de la gente».

Todo esto es buena doctrina wilsoniana, lo que se conoce en teoría pol ítica por «el idealismo de Wilson». La visión personal de Wilson era que se necesita una elite de caballeros con «ideales elevados» para preservar «la estabilidad y la justicia». La minoría inteligente de «hombres responsables» es la que debe controlar la toma de decisiones, explicaba Walter Lippmann, otro veterano del comité de propaganda de Wilson, en sus influyentes ensayos sobre la democracia. Lippmann también fue la figura más respetada del periodismo norteamericano y un notorio comentarista de la actualidad política durante medio siglo. La minoría inteligente es una «clase especializada», responsable de ajustar la política y «crear una sólida opinión pública», pormenorizaba Lippmann. Debe estar libre de la interferencia del público en general, compuesto de «intrusos ignorantes e impertinentes». El público debe «ser puesto en su silio», proseguía Lippmann: su «función» es ser «espectadores de la acción», sin participar, excepto en los períodos electorales cuando escogen entre la clase especializada. Los dirigentes deben tener libertad para operar en «aislamiento tecnocrático», tomando prestada la actual terminología del Banco Mundial.

En la Encyclopaedia of Social Sciences, Harold Laswell, uno de los fundadores de la moderna ciencia política, advirtió que las minorías inteligentes deben reconocer la «ignorancia y estupidez de las masas» y no sucumbir a «dogmatismos democráticos acerca de que los hombres son los mejores jueces de sus propios intereses». Los mejores jueces no son ellos, somos nosotros. Las masas deben ser controladas por su propio bien; y en las sociedades más democráticas, donde no cabe el recurso a la fuerza, los manipuladores sociales deben utilizar «todas las nuevas técnicas de control, en buena medida mediante la propaganda».

Nótese que se trata de buena doctrina leninista. Es bastante llamativa la similitud entre la teoría democrática progresista y el marxismo leninismo, algo que Bakunin había predicho hace mucho tiempo.

Una vez bien entendido el concepto de «consentimiento», podemos apreciar que la implantación del programa del capital por encima de las objeciones de la gran mayoría de la población constituye, «con el consentimiento de los gobernados», una forma de «consentimiento sin consentimiento». Esto viene a ser una ajustada descripción de lo que ha ocurrido en Estados Unidos. A menudo hay una brecha entre las preferencias públicas y la política pública. En los últimos años esta brecha se ha vuelto sustancial. Una comparación aporta nueva luz sobre el funcionamiento del sistema democrático.

Más del 80 por ciento del público cree que el gobierno «actúa a favor de la minoría y de intereses particulares, no de la gente», superando el 50 por ciento, más o menos, de años anteriores. Más del 80 por ciento cree que el sistema económico es «intrínsecamente injusto» y que los trabajadores tienen poco que decir sobre lo que ocurre en el país. Más del 70 por ciento opina que «el mundo financiero ha ganado demasiado poder sobre demasiados aspectos de la vida norteamericana» y, casi en una proporción de 20 a 1, el público cree que las empresas «deberían sacrificar a veces parte de los beneficios con vistas a mejorar las condiciones de los trabajadores y de la comunidad».

Las actitudes públicas se mantienen obstinadamente socialdemócratas en importantes aspectos, como ocurrió durante todos los años de Reagan, en contra de lo que diga tanta mitología. Pero debemos asimismo notar que estas actitudes quedan lejos de las ideas que animaron las revoluciones democráticas. Los trabajadores de la América del Norte del siglo XIX no rogaban a sus gobernantes que fueran más benévolos. Más bien les negaban el derecho a mandar. «Las fábricas deben ser de quienes trabajan en ellas», exigía la prensa obrera, manteniendo los ideales de la revolución americana tal como los entendía la peligrosa chusma.

Las elecciones al Congreso de 1994 son un ejemplo revelador de la distancia que hay entre la retórica y los hechos. Se las calificó de «terremoto político», de «victoria aplastante», de «triunfo del conservadurismo» que reflejaba el persistente «deslizamiento hacia la derecha», al otorgar los votantes un «mandato arrolladoramente popular» a la tropa ultraderechista de Newt Gingrich que prometía «quitarnos el gobierno de encima» y volver a los felices tiempos en que reinaba el mercado libre.

Ateniéndose a los datos, la «victoria aplastante» se obtuvo con poco más de la mitad de los votos emitidos, alrededor del 20 por l 00 del electorado, cifras que apenas se diferencian de las de dos años antes, cuando ganó el partido Demócrata. Uno de cada seis votantes describió los resultados como la «ratificación del programa republicano». Uno de cada cuatro había oído hablar del Contrato con América, que exponía tal programa. Y cuando se la informaba, la gente se oponía prácticamente a la totalidad del programa en su gran mayoría. Alrededor del 60 por 100 de la población quería que aumentasen los gastos sociales. Un año después, el 80 por 100 sostenía que «el gobierno federal debe proteger a los más vulnerables de la sociedad, sobre todo a pobres y ancianos, garantizando niveles mínimos de vida y proporcionando prestaciones sociales». Entre el 80 y el 90 por 100 de los norteamericanos eran partidarios de que el gobierno federal garantizase la asistencia pública para quienes no pueden trabajar, el seguro de paro, las medicinas subvencionadas y las atenciones a domicilio de los ancianos, unos mínimos niveles de servicios sanitarios y la seguridad social. Tres cuartas partes apoyaban que se garantizase desde el gobierno federal el cuidado de los hijos de las mujeres trabajadoras con bajos ingresos. Es especialmente llamativa la persistencia de estas actitudes a la luz del ininterrumpido bombardeo de la propaganda destinada a convencer a la gente de que sostiene criterios radicalmente distintos.

Los estudios de opinión pública muestran que cuanto más saben los votantes sobre el programa de los congresistas republicanos, más se oponen al partido y a su programa. El portaestandarte de la revolución, Newt Gingrich, era impopular en el momento de su «triunfo» y se ha ido hundiendo posteriormente, pasando a ser tal vez la figura política más impopular del país. Uno de los aspectos más cómicos de las elecciones de 1996 fue la escena en que los más estrechos colaboradores de Gingrich se esforzaron en negar toda conexión con su líder y las ideas de éste. En las primarias, el primer candidato en desaparecer, prácticamente desde el mismísimo inicio, fue Phil Gramm, el único representante de los congresistas republicanos, muy bien provisto de fondos, que decía todo cuanto se suponía, según los titulares de prensa, que gustaba a los votantes. En realidad, casi todos los temas políticos desaparecieron desde el mismo instante en que los candidatos tuvieron que enfrentarse a los votantes en enero de 1996. El ejemplo más espectacular fue el equilibrio presupuestario. A lo largo de 1995, el principal problema del país era cuánto se tardaría en alcanzarlo, si siete años o un poco más. El gobierno fue acallado varias veces durante el fragor de la controversia. Tan pronto se iniciaron las primarias se esfumaron las chácharas sobre el presupuesto. El Wall Street Journal informaba con sorpresa de que los votantes «habían abandonado su obsesión por el equilibrio presupuestario». La auténtica «obsesión» de los votantes era precisamente la contraria, como demostraban periódicamente las encuestas: su oposición a equilibrar el presupuesto bajo cualesquiera supuestos mínimamente realistas.

Para ser exactos, una fracción del público compartía la «obsesión» de los dos partidos políticos por equilibrar el presupuesto. En agosto de 1995, el 5 por 100 de la población consideraba que el déficit era el problema más importante del país, más o menos el mismo porcentaje que se inclinaba por los homeless. Pero entre el 5 por 100 obsesionado por el presupuesto se contaban personas de peso. «La patronal del país ha hablado: equilibrar el presupuesto federal», anunciaba el Business Week al informar sobre una encuesta entre ejecutivos estadounidenses de solera. Y cuando habla la patronal, lo mismo dicen la clase política y los medios de comunicación, que explicaron a la población que se precisaba equilibrar el presupuesto, detallando los recortes del gasto social en concordancia con la voluntad pública; y pasando por encima la sustancial oposición que demostraban las encuestas. No es sorprendente que el tema desapareciera súbito del mapa cuando los políticos tuvieron que hacer frente a la gran bestia.

Tampoco es sorprendente que el programa siga llevándose a práctica según el habitual proceder de doble filo, con crueles y a menudo impopulares recortes del gasto social a la par que aumentos en el presupuesto del Pentágono a que se opone la opinión pública, pero en ambos casos con el firme apoyo del empresariado. Las razones de que crezca el gasto son fáciles de entennder si tenemos presente el papel que desempeña el sistema del Pentágono dentro del país: transferir fondos públicos a sectores avanzados de la industria, de modo que los ricos electores de Newt Gingrich, por ejemplo, queden protegidos de los rigores del mercado con mayores subvenciones estatales que cualquier otro distrito del país (exceptuando el propio gobierno federal), mientras el líder de la revolución conservadora denuncia el gigantismo estatal y alaba el austero individualismo.

Desde el principio estuvo claro en las encuestas que no eran ciertos los cuentos de la aplastante victoria conservadora. Ahora el fraude se admite en silencio. El especialista en encuestas de los republicanos de Gingrich explicó que, cuando él exponía que la mayor parte de la gente apoyaba el Contrato con América, lo que quería decir era que les gustaban los eslóganes utilizados en la propaganda. Por ejemplo, sus estudios mostraban que el público se.oponía al desmantelamiento del sistema sanitario, el cual queria «conservar, proteger y reforzar» para «la siguiente generación». De modo que el desmantelamiento se presentaba en la propaganda como «una solución que preserva y protege» el sistema sanitario para la siguiente generación. De este tenor viene a ser todo en general.

Esto es muy natural en una sociedad que está dirigida por las finanzas hasta un punto fuera de lo habitual, con inmensos gastos en mórketing: un billón de dólares al año, una sexta parte del producto nacional bruto, en buena parte deducible en los impuestos, de modo que la gente paga por el privilegio de ser sometida a la manipulación de sus actitudes y comportamientos.

Pero la gran bestia es dura de domar. Repetidas veces se ha pensado que el problema estaba resuelto y que se había alcanzado el «final de la historia», una especie de utopía de los señores. Un precedente clásico tuvo lugar en los orígenes de la doctrina neoliberal, a comienzos del siglo XIX, cuando David Ricardo, Thomas Malthus y otras grandes figuras de la economía clásica anunciaron que la nueva ciencia había demostrado, con la misma exactitud que las leyes de Newton, que sólo perjudicaríamos a los pobres si pretendiéramos ayudarlos y que el mejor regalo que podemos ofrecer a las masas que sufren es librarlas de la ilusión de que tienen derecho a vivir. La nueva ciencia demostró que las gentes no tenían otros derechos más allá de los que pudieran al tener en el mercado de trabajo sin regulación. En la década de 1830 estas doctrinas parecían haber triunfado en Inglaterra. Con la victoria del pensamiento derechista al servicio de los interes manufactureros y financieros británicos, los habitantes de Inglaterra se vieron «forzados a entrar por la senda del experimento utópico», escribió Karl Polanyi, en su clásica obra La gran transformación (The Great Transformation), hace cincuenta años. Fue la más «despiadada acción de reforma social de toda historia», proseguía Polanyi, que «segó innumerables vidas». Pero surgió un problema no previsto. Las estúpidas masas empezaron a sacar la conclusión de que si nosotros no tenemos ningún derecho a vivir, vosotros no tenéis ningún derecho a mandar. El ejército británico tuvo que hacer frente a algaradas desórdenes, y pronto se conformó una amenaza aún mayor cuando los trabajadores empezaron a organizarse, exigiendo normativas laborales y legislación social que los protegiesen del crudo experimento neoliberal, y a menudo yendo mucho más lejos. La ciencia, que afortunadamente es flexible, adoptó formas nuevas conforme las opiniones de las elites variaron en respuesta a las incontrolables fuerzas populares, descubriendo que debe protegerse el derecho a vivir mediante alguna clase de contrato socal.

Más entrado el siglo XIX, muchos estuvieron de acuerdo en que el orden había vuelto a restaurarse, aunque unos cuantos disintieron. El famoso artista William Morris escandalizó a la opinión respetable al declararse socialista en una conferencia pronunciada en Oxford. Reconocía que era «la opinión admitida que el sistema competitivo, el de “Sálvese quien pueda”, es el último sistema económico que conocerá el mundo; que es la perfección y que, por lo tanto, con él se ha alcanzado lo irrevocable». Pero, si la historia ha terminado, continuaba, «la civilización perecerá». Y esto se negaba a creerlo, pese a las confiadas proclamas de los «hombres más sabios». Tenía razón, como ha demostrado la lucha de los pueblos.

También en Estados Unidos se saludaron los Alegres Noventa de hace un siglo como «la perfección» y «lo irrevocable». Y en los Locos Años Veinte se asumía confiadamente que la clase trabajadora había sido aplastada de una vez por todas y que se había alcanzado la utopía de los señores: unos «Estados Unidos muy poco democráticos», que habían sido «creados por encima de las protestas de los trabajadores», comenta David Montgomery, historiador de la Universidad de Yale. Pero de nuevo fue una celebración prematura. Al cabo de pocos años la gran bestia escapaba una vez más de su jaula e incluso Estados Unidos, el mejor ejemplo de sociedad dirigida por las finanzas, fue obligado por la lucha popular a conceder derechos que se habían ganado mucho antes en sociedades más autocráticas.

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, el capital lanzó una ofensiva propagandística para recuperar, el terreno que había perdido. A finales de los cincuenta se daba en general por hecho que se había alcanzado el objetivo. Habíamos llegado al «final de las ideologías» en el mundo industrial, escribió el sociólogo de Harvard Daniel Bell. Pocos años antes, el director de una de las principales pubhcaciones especializadas en economía, Fortune, había informado sobre la «desconcertante» magnitud de la campaña propagandística de la patronal destinada a superar las actitudes socialdemócratas que persistieron durante los años de la posguerra.

Pero de nuevo era la celebración prematura. Los acontec mientas de los años sesenta demostraron que la gran bestia se mantenía al acecho, despertando una vez más entre los «hombres responsables» el miedo a la democracia. La Comisión Trilateral fundada por David Rockefeller en 1973, dedicó su primer gran estudio a la «crisis de la democracia» que vivía todo el mundo industrial al estar tratando de introducirse en la arena pública grandes sectores de la población. Los ingenuos podrían interpretar que era un paso hacia la democracia, pero la Comisión entendió que era un «exceso de democracia» y confiaba en restaurar los días en que «Truman había podido gobernar el país con la cooperación de un número relativamente pequeño de banqueros abogados de Wall Street», como comentaba el ponente norteamericano. Eso era la debida «moderación democrática». De especial interés para la Comisión fueron los fracasos de las dc nominadas instituciones responsables «de adoctrinar a los jóvenes». las escuelas, las universidades y las iglesias. La Comisión propuso medidas para restaurar la disciplina y restablecer en la pasividad y la obediencia en la gran masa de la población, con lo que superaría la crisis de la democracia.

La Comisión representa los sectores internacionalistas má progresistas del poder y de la vida intelectual en Estados Unidos, Europa y Japón: la administración Carter perdió casi por completo su parroquia. El ala derecha adoptó una línea mucho más dura.

Desde la década de 1970, los cambios habidos en la economía internacional han puesto nuevas armas en manos de los señores, permitiéndoles hacer menuzos el odiado contrato social que se había ganado en la lucha popular. El espectro político de Estados Unidos, siempre tan estrecho, se ha adelgazado hasta la casi invisibilidad. Pocos meses después de que Clinton tomara posesión de la presidencia, el artículo de fondo del Wall Street Journal manifestaba su complacencia por que «asunto tras asunto, Mr. Clinton y su administración se decantaran por el mismo lado que el empresariado norteamericano», ganándose las felicitaciones de quienes dirigen las grandes corporaciones, que estaban encantados de «estar saliendo mucho mejor parados con esta administración que con las anteriores», como dijo uno de ellos.

Un año después, los grandes hombres de negocios pensaron que aún podía irles mejor, y en septiembre de 1995 el Business Week informaba de que el nuevo Congreso «representa un hito para la patronal: nunca antes habían llovido tantísimas peladillas sobre los empresarios estadounidenses». En las elecciones de 1996, los dos candidatos eran republicanos moderados y, colaboradores del gobierno desde antiguo, candidatos del mundo financiero. La campaña fue de una «insulsez histórica», las encuestas de la prensa económica mostraban que el interés del público había descendido incluso por debajo de los bajos niveles previstos, pese a que el gasto había batido marcas, y que a los votantes no les gustaban ninguno de los dos candidatos y poco esperaban de cualquiera de ellos.

Hay un descontento en gran escala con el funcionamiento del sistema democrático. Un fenómeno similar se había detectado en América Latina y, aunque las condiciones fueran muy distintas, las razones eran en parte las mismas. El politólogo argentino Atilio Boron ha recalcado el dato de que en América Latina los procedimientos democráticos se establecieron a la vez que las reformas económicas neoliberales, que han sido un desastre para la mayoría de la población. La introducción de programas similares en el país más rico del mundo ha tenido efectos similares. Cuando más del 80 por ciento de los habitantes opina que el sistema democrático es una farsa y que la economía es «intrínsecamente injusta», «el consentimiento de los gobernados» está tocando fondo.

La prensa económica deja constancia del «claro subyugamiento de la mano de obra por el capital durante los últimos quince años», lo que ha reportado a éste numerosas victorias. Pero también advierte que tal vez los días gloriosos no duren, debido a la cada vez más «agresiva campaña» de los trabajadores «para asegurar[se] el llamado “salario digno”» y «garantizar[se] una mayor tajada del pastel».

Merece la pena recordar que ya hemos pasado antes por todo esto. El «final de la historia», la «perfección» y la «irrevocabiliclad» se habían proclamado muchas veces, siempre en falso. Y pese a tantas sórdidas repeticiones, un alma optimista todavía podría discernir un lento progreso, con realismo, creo yo. En los países industriales avanzados, y también es frecuente en otros, las luchas populares pueden partir de un plano superior y con mejores expectativas que en los Alegres Noventa y en los Locos Años Veinte, e incluso que hace tres décadas. Y la solidaridad internacional podrá adoptar formas nuevas y más constructivas conforme la gran mayoría de los habitantes del mundo llegue a comprender que sus intereses son aproximadamente los mismos y que son defendibles si se actúa conjuntamente. No hay más razón ahora que antes para creer que estamos constreñidos por leyes sociales misteriosas y desconocidas, y no por las simples decisiones que se adoptan en instituciones sometidas a la voluntad humana; instituciones humanas que tienen que hacer frente a la prueba de la legitimidad y que, si no la satisfacen, son sustituihles por otras que sean más libres y más justas, como ha ocurrido tantas veces en el pasado.


Howard Rheingold Opina Sobre La Web 2.0

Marzo 4, 2008

Buceando acerca de los alcances y proyección de la Web 2.0 encontré una entrevista donde Howard Rheingold habla sobre cómo los mass-media tradicionales pueden adaptarse a los arrolladores cambios generados por los nuevos medios sociales.

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Howard Rheingold ha tenido la amabilidad de sacrificar parte de su tiempo para compartir su perspectiva personal referida al fenómeno Web 2.0 y lo que significa Web 2.0 para alguien como el que ha estado alimentando una visión para una web social desde 1996 y antes.

En esta transcripción de una videoconferencia que tuvimos hace algunos días, Howard no se queda con medias tintas sobre las tendencias y los obstáculos cada vez mayores que el fenómeno Web 2.0 puede traer.

En particular apunta a los peligros de la neutralidad net, DRM y los viejos modelos de comunicación los cuales pueden poner en el peligro, sabotear o incluso hacer naufragar la profunda transformación que la gente común está llevando a cabo ahora en la Internet.

Pero, en lo que para mí es la parte más valiosa del pensamiento que Howard Rheingold compartió en esta entrevista exclusiva, su consejo de negocio estratégico a los gurus de medios tradicionales, como grandes compañías de telecomunicaciones y televisión, sobre lo que debería ser la mejor estrategia para anticipar, adaptar y conducir esta onda fenomenal de cambio que estamos denominando Web 2.0.

Esta es la transcripción total de la entrevista en la cual he remixado, para aquéllos que se lo hayan perdido, algunos video clips relacionados que ayudan a aclarar algunos puntos importantes en esta conversación:

Robin Good: Hola Howard, me alegro de verte hoy.

Howard Rheingold: Hola Robin, siempre es bueno verte. (La entrevista fue grabada durante una sesión de videoconferencia).

Robin Good: El gusto es mío y hoy te he invitado para una pequeña charla acerca de ésta palabra de moda que está en todos lados, esta Web 2.0. Lo que me gustaría preguntarte es, ¿cómo se aplica o intercepta el término Web 2.0 con el de red social y las áreas de computación social con las cuales tú estás interesado?.

Howard Rheingold: Pienso que tienes que separar la palabra de moda (o buzz) del fenómeno social. Hay muchas personas que pueden hacer dinero a partir del buzz, cliché, y no estoy seguro de que no estemos viendo otra burbuja. Hay muchas compañías que se están formando alrededor de ese buzz. Pero por favor no me confundan con un “observador de la industria” oficial, ya que realmente no estoy involucrado en la industria. Pero me parece a mi que estamos escuchando algo más que promoción exagerada sobre las personas que están iniciando esta nueva compañías.

Ahora, en términos de este fenómeno, pienso que estamos viendo el florecimiento de algo de lo que vengo hablando desde hace mucho tiempo.

Cuando comencé con Electric Minds, hace diez años, en 1996, nuestra palabreja de moda (buzzword) de marketing era la “web social”.

Entonces pienso que mucho del negocio Web 2.0 simplemente tiene que ver con el fenómeno social que proviene de las subyacentes capacidades peer to peer que estamos viendo emerger.

Pienso que la otra parte de esto, no es tanto el lado social sino la infraestructura, los servicios web que te permiten permiten hacer tu procesamiento de palabras en Writely o poner mucho de tu trabajo y recursos en la web en vez de en el hardware que está presente físicamente en tu oficina.

No es si los protocolos subyacentes de la web o la naturaleza de dos vías de la web han cambiado, es que nosotros tenemos:

a) una gran población ahora con conexiones de banda ancha, y

b) suficiente tiempo y personas desarrollando aplicaciones basadas en cosas como JavaScript y XML. Entonces estamos viendo que esos ladrillos que la web es inherentemente capaz de soportar, están siendo desarrollado por muchas personas en todo el mundo y luego enchufados de diferentes maneras. Creo que ese es un entusiasmante desarrollo natural en la evolución de la web.

Pero desafortunadamente hay todavía un gran número de personas que no han entendido que la verdadera naturaleza de la web y el hecho de que la Internet es un medio de muchos-a-muchos que privilegia las comunicaciones peer-to-peer y le permite a la gente en sus casas, dormitorio, garajes y oficinas crear pequeñas aplicaciones que pueden ser compartidas y distribuidas a los demás de maneras simples pero efectivas.

Entonces lo que pienso que es el acontecimiento más nuevo es una conciencia y la concreción de un montón de cosas que hemos estado desarrollando en silencio durante un tiempo.

Robin Good: ¿Qué hay respecto de fenómenos como Myspace, Facebook, Youtube? Estamos viendo que esto está sucediendo por primera vez en gran medida, y gracias a la banda ancha, herramientas más sencillas y otros factores también estamos viendo importantes contribuciones de la gente común que eran imposible hace muy poco tiempo atrás. ¿Afectará esto sólo a las industrias y a los principales capitales inversión de los muchachos Web 2.0, o también va a influir el número y calidad de nuevas oportunidades para que la gente haga las cosas mejor desde un punto de vista social?

Howard Rheingold: Bueno, YouTube el cual entiendo que está sirviendo cien millones de videos por día es un fenómeno fantástico, pero está preparado de nuevo por la tecnología que han estado desarrollando desde hace algún tiempo. Ha tomado algunos años para los medios de producción de video hacerse accesibles, pero ahora con una computadora de escritorio y una cámara digital tú lo puedes hacer de manera económica lo que antes significaba mucho dinero.

Esto ha llevado unos años para ser desarrollado y ahora con la disponibilidad de conexiones de banda ancha y el desarrollo de aplicaciones, Youtube es un ejemplo perfecto de una aplicación que le permite a esta población de las cámaras digitales y conexiones de banda ancha comenzar a crear una nueva alfabetización.

Los medios impresos crearon una nueva población alfabetizada que comenzó a crear ciencia y democracia y la reforma protestante. Por eso es que a menudo hablo de hacer una clara distinción entre:
a) la tecnología que facilita la comunicación,

b) el medio de comunicación que resulta de la gente utilizando esa tecnología en una forma nueva, y

c) la alfabetización que surge.

Lo que merece este estamos acostumbrados a la edad de los medios de transmisión basados en el viejo modelo tecnológico de comunicación en un solo sentido.

Ahora estamos ingresando en la fase muchos-a-muchos de la tecnología de comunicación en Internet, en la cual la alfabetización está comenzando a servirnos en cosas como YouTube, y no simplemente vía el periodista altamente pagado del canal de noticias, sino también a través de algún niño en el dormitorio que ahora puede transmitir video directamente. Y lo que aún es más impresionante es que esos talentosos niños continúan aumentando en número.

Creo que es importante saber que esta es la etapa inicial de ese desarrollo, y que va tomar cierto tiempo para que las nuevas herramientas sigan desarrollándose y que nuevas instituciones emerjan en torno a ellas.

Realmente pienso, que no deberíamos suponer que el poder de comunicaciones peer to peer y las industrias que recién se inician en su dormitorio le van a generar un negocio confiable y redituable negocio. De hecho estamos viendo una completa reacción y contraataque de parte de las compañías incumbentes cuyo modelo de negocio depende de tener un monopolio sobre la distribución basado en el viejo modelo de comunicación en un solo sentido.

Entonces tú estás viendo a la industria grabadora y a la industria filmográfica con gestión de derechos digitales, tú estas viendo la extensión de copyrights por las grandes compañías que son propietarias de copyright y que realmente están cocinando el control del uso de tecnologías de lo que ellos llaman Computación Confiable”, la cual aparecerá en la próxima versión de Windows. Pienso que tomar juntas esas medidas representa un intento para restringir la capacidad de los usuarios de crear aplicaciones de computadora peer-to-peer.

Lo más vergonzoso de eso pienso que es el tema de la neutralidad net, donde las compañías de modem y cable en los Estados Unidos quieren imponer un nuevo abordaje en el uso de Internet en el cual pueden cobrarles a algunos usuarios más por enviar sus bits (haciendo su sitio web accesible) y privilegiando grandes compañías para proveer acceso rápido sus sitios e información basado en el dinero que les están pagando. Creo que esto es particularmente importante especialmente si miramos todo el escenario político y legal en el cual está sucediendo.

Me parece a mi que hay intereses económicos específicos actuando para intentar controlar este arrebato de contenido creado por el usuario. No creo que sea fácil controlar esto, pero hasta ahora en el frente legal y político los funcionarios están ganando sus batallas.

Robin Good: ¡Te entiendo! Howard, si tuviéramos que hablar a un grupo de emprendedores y a personas que trabajan en todo el mundo en medios tradicionales y que están escuchando con una mente abierta a lo que tú estás diciendo ¿que le aconsejarías para que enfrenten esos rápidos cambios que están sucediendo hoy en día? Más allá de emular el discutible comportamiento de algunas grandes compañías, ¿cuáles serían las otras oportunidades alternativas para ello?

Howard Rheingold: Bueno, ten en mente que en el pasado cuando vinieron los nuevos medios, los antiguos no desaparecieron. Simplemente cambiaron su estilo.

La television no desplazó a la radio, pero la radio encontró un nuevo hogar en el automóvil. Si no hubiera sido por los automóviles y todas esas personas sentadas en el tráfico dentro de sus vehículos, la radio hubiera tenido grandes problemas. Pero ahora en vez de la oferta de radio para el entretenimiento de toda la familia – sentada en torno del aparato de radio como sucedía a comienzo de la década de 1930 – la radio ofrece noticias y pronósticos climáticos e informes del tránsito y talk-shows: un uso nuevo, evolucionado, para un viejo medio.

Las películas en movimiento tuvieron que cambiar cuando llegó la televisión. Pienso que vamos a ver que esto sucede de nuevo con el periodismo. Los medios impresos más viejos y los medios de noticias necesitan a darse a la demanda y características de nuevos medios y en el caso específico del periodismo, a desarrollar acuerdos estratégicos de larga duración con los aficionados.

Ya estamos viendo emerger lo que se denomina “periodismo ciudadano” y pienso que lo mejor para la industria, lo mejor para el periodismo ciudadano y lo mejor para las democracias es ver algún tipo de desarrollo de partnership entre las organizaciones de noticias que conocen las tradiciones de informar, ética periodística y como narrar una noticia y aquellas personas que están ahí afuera con sus cámaras web en las calles obteniendo las noticias reales a medida que suceden.. Esa es una forma de hacerlo.

Robin Good: ¿Qué hay sobre la compañías de telecomunicaciones y las grandes estaciones de televisión? ¿Tienes algún consejo para ellas?

Howard Rheingold: Bueno, tú sabes que para las estaciones de televisión, los valores de producción son importantes. Tener una organización global es importante. Pero tener un gran edificio con costosos equipos de transmisión se está convirtiendo en algo menos importante.

Para las viejas instituciones es difícil cambiar.

Hemos visto suceder un par de esas instancias. IBM es un buen ejemplo de una vieja institución que se las arregló para cambiar y comenzó a enfrentar la nueva tecnología.
¿Qué fue lo que hicieron? Abrazaron la tecnología de código abierto liberaron mediante código abierto su software de mil millones de dolares.

Las compañías de telecomunicaciones no son instituciones que les guste cambiar, y francamente han resistido este negocio de Internet desde el momento mismo en que ha sido propuesto.

Tengo poca esperanza para la televisión y compañías de telecomunicaciones, las veo institucionalmente como fuerzas obstructivas “ institucionales “.

Ahora estamos viendo alguna de esas compañías de telecomunicaciones que están diciendo que los servicios VoIP están rompiendo su negocio y su monopolio sobre las conexiones ya no es más la fuente de su negocio. Por lo tanto esas compañías están comenzando a fijarse en otros tipos de servicio. Pero muy difícil y doloroso para una vieja compañía que estaba acostumbrada a un monopolio regulado, someterse a algún tipo de cambio.

Robin Good: Entonces, ¿hay algún consejo para ellas?

Howard Rheingold: No. Es muy improbable que las viejas instituciones cambien.

Si se están sentando encima de suficiente dinero, les recomendaría convertirse en un nuevo capitalista de riesgo que le da fondos fondos a muchachos de 18 años que tienen ideas y ayuda a muchos de ellos a comenzar su propia compañía. Como inversor, tú tienes cierto interés en la empresa y cierta palabra sobre lo que hacen, pero ellos no tienen el peso para intentar cambiar una vieja institución. A menos que como IBM usted tenga un liderazgo visionario que le permita cambiar todo su modelo de negocios. Pienso que sin un liderazgo visionario una vieja e intrincada organización, un monopolio regulado como son muchas de las telcos, tenga la capacidad cambiar

Pienso también que la televisión, siendo el medio más joven, debería permitir el ajuste igual que las transmisoras se tuvieron que ajustar ante el surgimiento del cable. Ahora, todos los transmisores y compañías de cable van a tener que ajustarse al video por Internet.

Pienso que la mejor manera de hacer esto es mediante la inversión.

Robin Good: Entonces ¿habría una imaginaria, fantástica regla que permita alguna de esas compañías hacer negocios en este nuevo entorno mientras lo estén haciendo bien?

Howard Rheingold: Sabes que no creo que haya ninguna fórmula en particular, pero pienso que tienes que experimentar.

Sin tu supervivencia está en juego, tienes que dedicar importantes cantidades de dinero y tomar serios riesgos para experimentar. Y, experimentar significa estar preparado para que algunos de esos esfuerzos fallen. Fallar no siempre significa que hayas tomado la decisión equivocada, también significa que tú estás más cerca de identificar cuál es el camino correcto a seguir.

Si eres un capitalista de riesgo, deberías saber que tienes que tener muchos fracasos antes de tener un gran éxito.

Y sin tu supervivencia está en juego, tendrás que hacer esas apuestas y distribuir esas apuestas y estar preparado para que algo pueda llegar a no funcionar.

Las compañías de telecomunicación y los transmisores de televisión todavía no se acostumbran a eso, están acostumbrados a tener mucho control sobre sus productos; no están acostumbrados a gastar dinero experimentando.

Por eso es que le recomiendo a esas grandes corporaciones crear nuevas compañías en ir y buscar a todos esos emprendedores que están por ahí creando nuevas aplicaciones e invertir en ellos, hacer acuerdos de cooperación con ellos y aprender de ellos.